El 19 de mayo de 1986, un oficial del Comando Radioeléctrico de Córdoba descubrió un explosivo de 2,5 kilos de TNT en el Tercer Cuerpo del Ejército, horas antes de la visita del presidente Raúl Alfonsín. El artefacto fue desactivado y el mandatario completó su recorrido sin alteraciones.
El 19 de mayo de 1986, el presidente Raúl Alfonsín visitó el Tercer Cuerpo del Ejército en Córdoba. Durante una inspección de rutina previa, el oficial principal Carlos Primo, del Comando Radioeléctrico de Córdoba, encontró un cable negro que lo llevó a una alcantarilla donde había un artefacto explosivo. Primo exclamó: “¡Es una bomba!”.
El artefacto contenía 2,5 kilos de TNT dentro de una vaina de obús y dos panes de trotyl de 450 gramos cada uno. Estaba ubicado en un camino lateral que unía la plaza de aparatos de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada con la torre de control conocida como “La Mezquita”, por donde pasaría la comitiva presidencial.
La inspección se realizó a las 8:40, 9:20 y 9:35 sin resultados. A las 9:50, en la cuarta recorrida, Primo halló el cable y luego el explosivo. Según la reconstrucción judicial, el policía había descendido del patrullero por una necesidad fisiológica, lo que llevó al descubrimiento.
Tras el hallazgo, Primo y el cabo Hugo Velázquez alertaron a la Brigada Antiexplosivos, que desactivó el dispositivo. El presidente Alfonsín realizó su visita según lo planeado: presenció ejercicios de tiro, abordó un avión Hércules 130 para observar saltos de paracaidistas y disparó un cañón de 155 milímetros de fabricación nacional.
Ese mismo día, tres días antes, el 16 de mayo de 1986, se habían colocado bombas en nueve comités radicales de la ciudad de Buenos Aires. Ocho explotaron y una fue desactivada. Una niña de 14 años resultó herida.
El Ministerio de Defensa, a cargo de José Horacio Jaunarena, emitió un comunicado esa noche: “Durante la visita efectuada en el día de la fecha por el presidente de la Nación a la Guarnición Militar de Córdoba, fue encontrado un artefacto explosivo cuyo poder es motivo de análisis”.
El 26 de mayo de 1986 se realizó la explosión controlada del artefacto. Se determinó que la bomba estaba a 104 metros del lugar donde Alfonsín disparó el cañón y a 681 metros de “La Mezquita”. La explosión creó un cráter de un metro de diámetro por 15 centímetros de profundidad. Se colocaron señuelos para medir la onda expansiva: una figura a 15 metros recibió impactos de esquirlas, un lienzo a 45 metros mostró una perforación y otro a 20 metros sufrió la quebradura de un soporte de madera.
El general Héctor Ríos Ereñú, jefe del Estado Mayor General del Ejército, declaró: “Yo no calificaría de atentado el hallazgo de material explosivo de características aún en análisis”. Agregó que el explosivo apareció “en medio del campo” y “lejos” del casino de oficiales.
El comandante del Tercer Cuerpo del Ejército, general Aníbal Ignacio Verdura, solicitó su pase a retiro el mismo día de la reconstrucción. Dijo: “Esto tiene mal olor porque hay cosas que no están muy claras” y “Sé que no me voy a quemar las manos y que ninguno de mis subalternos ha sido capaz de tener una actitud de este tipo”. En 2014, Verdura fue condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad.
La investigación del juez federal Miguel Rodríguez Villafañe no identificó a los responsables. Se encontraron panfletos firmados por una “Fuerza de Tareas 4” que cuestionaban a Ríos Ereñú.
Raúl Alfonsín sufrió otros dos atentados después de su mandato: el 5 de octubre de 1989, con un explosivo fuera de sus oficinas en Ayacucho al 100, Buenos Aires; y el 23 de febrero de 1991, en San Nicolás, cuando una persona intentó dispararle.
