domingo, 31 agosto, 2025

Hinchas que sí

Es difícil definir o sintetizar el ADN del hincha argentino. ¿Es el que deja todo por su equipo y cambia su humor en la semana de acuerdo al resultado? ¿Es el que encuentra en los colores un motivo de militancia, una razón para movilizarse a lugares que por ninguna otra razón lo haría? ¿O es el que revolea objetos a jugadores rivales en los córners o el que, ahora que el público visitante empieza a asomarse tímidamente, se pasa todo el partido insultando a los hinchas del otro equipo de tribuna a tribuna? Hay que dejar de lado la vergüenza y barbarie que vio todo el mundo en Avellaneda, en el partido de Independiente contra la U de Chile, porque no creo que esas personas merezcan ser llamadas hinchas: son, en todo caso, mercenarios, gente totalmente rota y cobarde, que golpea e intenta asesinar al otro –más allá de lo que haya sucedido antes, que también es una vergüenza y una barbarie– en una proporción de 30 a 1.

Pero hay hinchas –miles de hinchas– que, lejos de la reivindicación estúpida y de la cultura del aguante, en estos meses colgaron en los alambrados los reclamos más urticantes o los apoyos más necesarios en esta era de la maldad. En la primera fecha, en el Cilindro de Avellaneda, detrás de uno de los arcos, la hinchada de Racing colgó la bandera del Hospital Garrahan, unos días antes de la marcha a Plaza de Mayo de sus profesionales, de los pacientes y sus familiares para reclamarle al gobierno de Javier Milei por mejoras salariales y presupuestarias.

La de San Lorenzo, siempre en la vanguardia cancionística, podría jactarse de haber sido la primera hinchada que –en términos más o menos masivos– entonó “la patria no se vende” durante 2024, cuando Milei gozaba con los despidos masivos y contaba con un apoyo con el que ahora ya no cuenta.

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Hincha es Carlitos, el jubilado que empezó a marchar los miércoles en el Congreso con la camiseta de Chacarita, al que la Policía de Patricia Bullrich reprime y maltrata casi semanalmente, y por el cual muchos futboleros se solidarizaron en marzo de este año.

Hay una hinchada, la de Temperley, que todos los fines de semana cuelga en el alambrado del estadio Alfredo Beranger una bandera que sintetiza de qué lado de la mecha se encuentra. Es toda una declaración de principios en un trapo mínimo, de 2×1: “Temperley con los jubilados. Territorio de Norma Plá”. Aquella vieja que en los 90 se opuso a las políticas de ajuste que se repiten hoy vivía en el barrio San José de Temperley. En esa zona del Conurbano sur, cada quince días, Norma Plá tiene un pequeño y sostenido homenaje. Es en la cancha del Gasolero. Es en una cancha de fútbol. Y es con hinchas que sienten que, además de hinchas, son parte de una sociedad que no merece vivir lo que está viviendo.

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