Dos cuadros inéditos de Claude Monet alcanzaron precios millonarios en subasta tras más de un siglo fuera del mercado. La historia personal del pintor detrás de estas obras.
Corría el año 1883. Hacía unos cinco años que el gran pintor francés Claude Monet había recibido a su segundo hijo Michel y luego perdido a su mujer Camille, de 32 años, se cree que por cáncer de útero. Monet, de 43 años, trataba de rearmar su vida junto a Michel, su otro hijo Jean (16), Alice Hoschedé y los seis hijos de ella, con quienes había empezado a convivir cuando aún vivía Camille. El marido de Alice, Ernest Hoschedé, amigo de Monet, galerista, crítico y coleccionista, había quebrado y su familia no tenía dónde ir. Los recibieron los Monet y nunca se irían. En 1892, un año después de la muerte de Ernest, Alice y Monet se casaron.
En el marco del adiós a Camille, con Alice y los ocho chicos, Monet quería un lugar tranquilo para poder pintar. Todos se mudaron de París a una casita alquilada en Giverny, Normandía, norte de Francia, salvo Ernest Hoschedé, que se quedó trabajando en la capital. Por entonces, mientras florecían los nenúfares de Giverny que Monet recreó vaporosos como sueños —pese a sus problemas de vista—, él literalmente remaba en un botecito mirando paisajes, buscando luces para inspirarse. Monet buscaba más. “Quiero pintar el aire”, confesó. “El aire en el que existe el puente, la casa o el barco. La belleza del aire donde ellos se encuentran”.
Hace unos días se subastó Las islas de Port-Villez, obra de Monet de 1883, en Sotheby’s Francia por 7,6 millones de dólares, tras pasar 115 años fuera del mercado, en una colección privada. En la misma convocatoria se vendió también otro trabajo de Monet desconocido: Vétheuil, Efecto matutino (1901), a 12,1 millones de dólares. Ambos cuadros se convirtieron en los más valiosos del artista vendidos en su país en los últimos 25 años.
Las islas de Port-Villez se puede mirar como un espejo de árboles y de Monet. La obra muestra un grupo frondoso desde y sobre el río ondulante. Es un paisaje que tiende a ser dibujado a través de los tonos más que por formas definidas, como si estuviera hecho de ilusiones, sin las certezas que implican las líneas. En Vétheuil, Efecto matutino también parece estar Monet, acercándose a otro mundo de colores, en su bote.
Monet creía que pintar el aire, eso que anhelaba, era imposible. Los cuadros subastados este mes muestran que estuvo demasiado cerca de ese inalcanzable. Él se achica en las telas casi hasta diluirse pero sin perderse nunca. La obra de Monet, aún la más conocida, muestra siempre algo nuevo. Él también explicó que le llevó un tiempo “comprender” a los nenúfares de Giverny, donde finalmente compró su casa y vivió durante 43 años, hasta su muerte. Dijo: “Un paisaje no te cautiva en un solo día”.
