Lionel Messi será el capitán en su sexta Copa del Mundo, pero el equipo argentino cuenta con múltiples jugadores que son referentes y portan la cinta en sus clubes.
Lionel Messi, como unidad de medida del paso del tiempo, demuestra una vigencia extraordinaria que obliga a remontar varios almanaques para encontrar a otro capitán argentino en un Mundial: Javier Mascherano, en la paliza que la Alemania de Joachim Loew le dio a la selección dirigida por Diego Maradona en julio de 2010. Desde entonces, el poder está en el puño de Messi, con un perfil que evolucionó desde la timidez hasta un liderazgo incuestionable. Su compromiso siempre fue innegociable. Hoy, Messi encadena 18 partidos mundialistas consecutivos como capitán de la selección, otro récord. La lista crecerá en 49 días, cuando se ajuste la cinta en su brazo izquierdo y aparezca en el Arrowhead Stadium de Kansas City para debutar en su sexta Copa del Mundo frente a Argelia.
Messi conduce desde el sentido de pertenencia, un método contagioso: si el mejor ubica a la selección por encima de todo, el resto se encolumna. No hay lugar para la desobediencia. Diego Maradona proponía lo mismo, pero con un perfil más pirotécnico y extrovertido. Messi, desde que heredó la capitanía de Mascherano en septiembre de 2011, bajo la conducción de Alejandro Sabella, creció en la ejecución de la tarea. Nunca le faltó personalidad, pero asumió el liderazgo cuando entendió que debía hacerlo. Sergio Batista, campeón en México 1986 y DT de Messi en selecciones juveniles y mayor, resumió: “Cuando maduró, cuando vio que le tocaba, arrancó. Esperó el momento. Fue muy inteligente. Cuando no lo sintió, no fue líder. Quizás pensó: ‘¿Y si hago lío?’. No quería, él solo quería jugar al fútbol… que se arreglen los demás. Hasta que sintió que sí, que le tocaba”.
Messi está frente a su último Mundial y es el referente de una generación que creció con su póster en la habitación. Entre ellos, varios apellidos de carácter, sabuesos que conocen el arte de gobernar: los capitanes del capitán. Futbolistas que son símbolos en sus clubes y allí llevan la cinta. En la selección campeona del mundo, nadie discute al capitán, en un plantel repleto de capitanes. Como Nicolás Otamendi, el “General”, apodo que nació en Valencia y hoy ordena desde el fondo en el Benfica de José Mourinho. “Hay clubes en los que el brazalete no está en el brazo adecuado, ya me ha pasado, pero en este caso está en el brazo de alguien que es un verdadero capitán y se asume como tal”, dijo el entrenador portugués sobre el argentino.
También están Leandro Paredes y Gonzalo Montiel, emblemas de Boca y River, locomotoras llenas de urgencias y tensión. Cristian “Cuti” Romero es otro soldado que lleva la cinta desde el comienzo de una temporada complicada para Tottenham. Cuando lo eligió el DT danés Thomas Frank, tras la partida de Son Heung-Min, argumentó: “Cuti es de esos líderes que no necesitan hablar todo el tiempo; su presencia e intensidad ya representan un liderazgo puro”. El derrumbe del equipo renovó el cargo de entrenador, pero tanto el croata Igor Tudor como el italiano Roberto De Zerbi siguieron confiando en el mando de Romero. ‘Il capitano’ Lautaro Martínez se suma desde su posición en Inter de Milan. Javier Zanetti, leyenda del club y capitán de la selección en muchas ocasiones, describe: “Lautaro habla lo necesario; él es un líder que transmite desde su total entrega en los partidos, esa es su manera de contagiar. Tiene mucho sentido de pertenencia por el club y eso sus compañeros lo ven cada día”.
La nómina no termina allí. Como analiza el periodista francés Florent Torchut, de France Football: “Los argentinos son importantes en el manejo del vestuario por su carácter de líder natural, les gusta tomar las riendas, conectar con la gente y competir siempre. Van para adelante, empujan. Son únicos, por eso hay tantos capitanes o referentes en Europa”. Aparecen nombres que alternativamente llevan la cinta, como Emiliano “Dibu” Martínez. El capitán de Aston Villa es John McGinn; el arquero argentino era el subcapitán por decisión del técnico Unai Emery, quien en un momento resolvió quitársela, probablemente decepcionado por el coqueteo de Martínez para irse a Manchester United. Con o sin cinta, Dibu Martínez es una de las voces fuertes en la intimidad del vestuario.
