El entrenador del nuevo número 1 argentino del ranking ATP cuenta cómo encontró al tenista platense tras una etapa difícil y cómo logró recuperar su confianza hasta ganar su primer título en Río de Janeiro.
“Hola. Acá estamos, en Roma, bien, bien… adaptándonos al nivel del mar. Hay bastante diferencia con el torneo anterior, en Madrid, donde hay altitud y la pelota viaja más. Pero salir adelantados te da margen para trabajar mejor”. Quien habla del otro lado del océano es Walter Grinóvero, Waly para todos en el mundo del tenis, el entrenador del nuevo número 1 argentino del ranking ATP, Tomás Etcheverry (26°; un lugar por encima de Francisco Cerúndolo).
El presente del jugador platense era impensado hace un año, cuando perdió la alegría y la pimienta dentro del court, salió del top 60 y lo invadió la confusión. Después de sus mejores temporadas en 2023 (cuartofinalista en Roland Garros) y 2024 (fue 27°), Etcheverry y su grupo de trabajo decidieron un cambio de rumbo: Grinóvero no continuó como coach y asumió Horacio De la Peña. Sin embargo, la sociedad con el Pulga no funcionó y, tras ocho meses de retrocesos, el vínculo se terminó.
Luego de algunas semanas de evaluaciones, Etcheverry decidió buscar las “viejas buenas sensaciones” y, desde fines de agosto pasado, se alineó otra vez con Grinóvero y sus métodos. Desde entonces, recobró las certezas y la soltura, y en febrero pasado, después de perder tres finales ATP (Santiago y Houston en 2023, Lyon en 2024), se quitó una espina al ganar su primer título (en Río de Janeiro).
“Como se lo dije al propio Tommy no bien lo vi: un jugador muy triste, enojado con él mismo y con la situación, enojado con su tenis y, sinceramente, como que… se veía jugando Challengers todo este año porque sentía que ya le habían perdido respeto en el circuito y que nunca iba a volver a ser ese jugador que había demostrado”, sentencia Grinóvero, de 53 años, desde el Foro Itálico, donde Etcheverry es el 24° cabeza de serie.
“Haber perdido todo eso que habíamos logrado en conjunto lo puso en un estado negativo y casi depresivo, diría. Entonces, intenté ayudarlo a que se perdonara. La vida es así, no se llega al lugar que se quiere solamente porque las cosas se hacen perfectas: en el camino hay aprendizaje. Todo forma parte del proceso de crecimiento”, agregó el coach.
Grinóvero, que lleva más de dos décadas como entrenador, destacó que su objetivo no es solo ser el número uno de Argentina: “Los grandes sueños todavía están en camino. Hay pequeñas victorias que te llevan a un lugar, pero después la gran victoria será como un volcán que explotará y eso es lo que buscamos”.
