Un informe de la Universidad de Stanford identifica el fenómeno ‘workslop’ en la formación corporativa: contenido estético pero sin sustancia. Según datos del sector privado, el 40% de los empleados recibió este tipo de capacitación en el último mes.
Un estudio de laboratorios de investigación de la Universidad de Stanford identificó un fenómeno denominado ‘workslop’ en el ámbito de la capacitación corporativa. El término describe contenido generado, en muchos casos por inteligencia artificial, que posee una estética impecable pero carece de sustancia, utilidad práctica o impacto real en quien lo recibe.
Según datos del sector privado citados en el informe, hasta un 40% de los empleados afirmó haber recibido este tipo de capacitación vacía en el último mes. Al mismo tiempo, hasta un 70% de los talentos no recibe formación continua dentro de sus organizaciones.
La investigación señala que existe una diferencia entre acceder a la información e incorporar conocimiento. El éxito formativo suele evaluarse por el certificado obtenido, la cantidad de horas de contenido consumidas o la asistencia a un taller, pero no por la habilidad real adquirida.
La andragogía, disciplina que estudia cómo aprenden los adultos, determinó que las personas no incorporan conocimientos de forma pasiva. La neurociencia moderna ratifica este punto a través de fenómenos como el ‘production effect’ (efecto de producción), que demuestra que leer en voz alta, exponer un concepto ante pares o debatir activamente activa áreas visuales, auditivas y motoras del cerebro, fijando una huella de memoria más profunda.
El ‘protégé effect’ (efecto protegido) indica que cuando una persona estudia un tema con la expectativa de tener que enseñarlo a otro, procesa y organiza la información de manera más lógica y aplicable.
El informe menciona el modelo de ateneos interconsultas utilizado por médicos como ejemplo de aprendizaje colaborativo y práctico. En esos espacios, un grupo de pares analiza un caso real, debate hipótesis y se enseña mutuamente.
El Foro Económico Mundial ubica la capacidad de aprendizaje activo y la flexibilidad cognitiva como competencias laborales críticas a nivel global para los próximos años.
