Los primeros resultados oficiales otorgan una leve ventaja a la candidata de Fuerza Popular, mientras el escrutinio voto a voto define al próximo presidente.
LIMA. – El estrecho margen de menos de un punto que dio el conteo rápido de la encuestadora Datum indicó que Roberto Sánchez, con el 50,14%, se habría impuesto por sobre Keiko Fujimori, con el 48,86%. El empate técnico dejaba a Perú ante una definición incierta y cargada de tensión.
A medida que avanzaba el conteo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), con el 43,3% de las mesas escrutadas, la derechista Fujimori se imponía con el 52,8% (3.016.947 votos), frente al izquierdista Sánchez que había conquistado el 47,2% (2.721.668 votos).
Más temprano, el flash electoral de Ipsos ubicó a Keiko Fujimori con el 50,7% de los votos, frente al 49,3% de Roberto Sánchez. La encuestadora Datum difundió cifras prácticamente idénticas: 50,53% para Fujimori y 49,47% para su rival.
El escenario remite al antecedente de 2021, cuando la propia Fujimori encabezó el boca de urna y terminó perdiendo en el conteo oficial frente al izquierdista Pedro Castillo por unos 40.200 votos. El resultado final podría demorarse varios días y el escrutinio voto a voto será determinante.
Fue el propio Sánchez quien recordó en una entrevista televisiva que “el boca de urna históricamente puso por debajo a quienes terminaron ganando”. Llamó a esperar al recuento oficial y aseguró que existe un “empate estadístico”. “Nadie puede decir ya gane o ya perdí”, sentenció.
Por su parte, la postulante de Fuerza Popular canceló la conferencia de prensa que tenía estipulada para las 18 (20 en Argentina), luego de que se publicara el flash electoral.
Para Fujimori, esta jornada representa su cuarto intento de alcanzar la presidencia. Keiko compite por Fuerza Popular, el partido que lidera y que encarna la continuidad del fujimorismo, mientras que su rival canaliza el apoyo de sectores rurales y populares con una agenda de reformas.
Ambos llegaron a esta instancia tras una campaña marcada por la polarización y con niveles de apoyo relativamente bajos desde la primera vuelta. Los últimos sondeos de Ipsos le daban una ventaja leve a la candidata de derecha y confirmaban un escenario abierto, con un importante porcentaje de indecisos.
La elección también expone una marcada fractura territorial. Mientras Lima y los principales centros urbanos tienden a inclinarse hacia opciones de derecha, las zonas rurales muestran un respaldo más contundente a candidaturas de izquierda.
En los últimos diez años, Perú tuvo múltiples presidentes (8 en 10 años) y ninguno logró completar su mandato en condiciones de estabilidad. Ese equilibrio inestable derivó en un sistema político fragmentado, con partidos débiles y liderazgos de corta duración.
Uno de los ejes centrales de la campaña fue la creciente crisis de seguridad. El aumento de delitos como extorsión, robos y violencia vinculada a economías ilegales instaló un clima de temor. Fujimori capitalizó ese escenario con una agenda centrada en el orden y la seguridad ciudadana, mientras que Sánchez planteó reformas estructurales y el fortalecimiento de la inteligencia criminal.
En el plano económico, la candidata de Fuerza Popular reafirmó su compromiso con la apertura a inversiones extranjeras y la estabilidad macroeconómica. Sánchez aseguró que no avanzará en nacionalizaciones de empresas vinculadas a recursos naturales, aunque mantuvo un discurso orientado a la reforma del Estado y la lucha contra la corrupción.
