A 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, un recorrido por la Ginebra que marcó su adolescencia y su legado literario.
Faltan horas para que se cumplan 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges y el cementerio de Plainpalais, donde está enterrado, está cerrado. No está cerrado por Borges, sino porque en Evian, a 46 kilómetros de distancia, está por empezar la reunión del G7. Como esa ciudad no autorizó protestas, las manifestaciones se harán en Ginebra. Por eso, el esplendor ginebrino está tapado: placas de madera protegen las vidrieras, la frecuencia del transporte público está disminuida y se prevé que este domingo sea un día complicado. Prometen abrirlo solo para un homenaje al escritor.
Aquí, frente a la puerta de Plainpalais, termina el recorrido por la Ginebra de Borges que organiza Marcos Liyo, presidente de la asociación “Los conjurados”. El recorrido se hace junto a Alejandro Vaccaro, biógrafo y coleccionista de Borges, y a Alejandro Roemmers, empresario dueño de una colección de 30.000 piezas del escritor.
“Sé que volveré siempre a Ginebra, quizá después de la muerte del cuerpo”, lee Liyo casi llegando al cementerio. Es el final de un poema que Borges escribió en 1984, dos años antes de morir. Borges no solo murió en Ginebra sino que vivió aquí entre 1914 y 1918, cuando era un adolescente.
La familia Borges se trasladó a Ginebra porque los padres querían que él y Norah, su hermana, se educaran aquí. El padre, que se estaba quedando ciego, se quería hacer atender por un prestigioso oculista local. Llegaron una noche de lluvia. Fueron primero al hotel Richmond, luego alquilaron un departamento en el número 17 de la Rue Malagnou.
El colegio Jean Calvin muestra las calificaciones del alumno: regulares al principio, mejores al final. En Buenos Aires, Borges no la había pasado bien en la escuela. En Ginebra las cosas fueron diferentes. Al final del primer año, a Borges le faltaba nota en francés, pero los compañeros fueron a hablar con el director para explicarle que el chico había tenido que estudiar las materias y, además, el idioma. Pasó, siguió, le fue bien.
El recorrido incluye la catedral de San Pedro de Ginebra, donde se realizó una ceremonia de cuerpo presente con un pastor protestante y un sacerdote católico. Borges había manifestado muchas veces públicamente que era agnóstico, pero no había perdido nunca su interés por las religiones.
El cementerio de Plainpalais está cerrado, pero se sabe que allí está la tumba de Borges y la placa que diseñó María Kodama. La lápida incluye referencias a la literatura medieval inglesa y nórdica, con la inscripción “AND NE FORTHEDON NA”, que se traduce “no tengan miedo”, y una nave vikinga en el reverso.
