Un análisis sobre el concepto de poder adquisitivo, su evolución histórica, los factores que lo afectan en Argentina y las condiciones señaladas para su recuperación, según datos de organismos internacionales y casos comparados.
El poder adquisitivo se define como la cantidad de bienes y servicios que una persona puede obtener con su ingreso. Según la teoría económica, su medición no se limita al monto nominal del salario, sino que considera el esfuerzo laboral necesario para adquirir dichos bienes. Esta noción fue formulada inicialmente por el teólogo y jurista navarro Martín de Azpilcueta en 1556, quien observó que el valor del dinero depende de su escasez relativa. Posteriormente, en 1918, el economista sueco Gustav Cassel acuñó el término “paridad del poder adquisitivo” para comparar economías según lo que sus habitantes pueden comprar efectivamente.
En Argentina, la evolución del poder adquisitivo ha estado influida por la inflación, la informalidad laboral y la desconexión entre productividad y salarios. De acuerdo con el Informe Mundial sobre Salarios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de 2024, los salarios reales globales crecieron 2,7% ese año, el mayor aumento en quince años. No obstante, el organismo señaló que en muchos países ese crecimiento aún no compensa las pérdidas registradas durante la crisis de precios previa.
El caso de Polonia se cita como ejemplo de recuperación sostenida: su ingreso per cápita pasó de equivaler al 28,5% del alemán en 1991 a superar el 66% en 2022, medido en paridad de poder adquisitivo. Su producto por habitante se multiplicó casi por seis desde 1990 y su poder adquisitivo creció alrededor de 91% en el mismo período. Según el análisis, esta evolución se atribuye a estabilidad monetaria sostenida, apertura comercial, inversión en infraestructura y educación, y continuidad de políticas públicas a lo largo de distintos gobiernos.
En contraste, España es señalada como uno de los países europeos que menos poder adquisitivo ganó en las últimas dos décadas. La diferencia entre ambos casos, según el análisis, no radica en el diagnóstico sino en la constancia de las políticas aplicadas.
En Argentina, las medidas de ajuste de ingresos por decreto o congelamiento de precios no han logrado revertir la tendencia, según el texto original. La recuperación del poder adquisitivo se plantea como un proceso de largo plazo que requiere moneda estable, empleo formal, productividad distribuida y reglas que trasciendan los períodos de gobierno.
El poder adquisitivo también tiene implicancias sociales: una sociedad con mayor capacidad de compra puede planificar, mientras que una sin ella tiende a la supervivencia diaria. Además, se lo vincula con el contrato social, ya que cuando una generación trabaja más que la anterior y vive peor, se genera un descontento que afecta la estabilidad institucional.
