La iniciativa, impulsada por el estudiante de arquitectura Máximo Chinen, plantea un plan integral que incluye restauración de fachadas, mejoras en el espacio público y semipeatonalización los fines de semana. El proyecto busca recuperar el patrimonio histórico y dinamizar la actividad comercial, turística e inmobiliaria del corredor.
La Avenida de Mayo fue concebida a fines del siglo XIX como parte de un proyecto de modernización de la ciudad de Buenos Aires. En la actualidad, una campaña ciudadana impulsada por Máximo Chinen, estudiante de arquitectura de la FADU-UBA y creador de la cuenta Mirar Hacia Arriba, propone un plan integral de restauración para el corredor.
La iniciativa, publicada en Change.org, contempla la restauración de fachadas, la incorporación de luminarias de inspiración histórica, mobiliario urbano de época, mejoras en veredas y espacios verdes, y una iluminación cálida orientada hacia los edificios. También propone ordenar la cartelería comercial, reducir el impacto visual de cables y equipos de aire acondicionado, y establecer criterios para intervenciones sobre fachadas y plantas bajas.
Uno de los puntos centrales es la recuperación del perfil de boulevard y la creación de un esquema semipeatonal durante los fines de semana, similar al de la Avenida Corrientes. Según Chinen, el objetivo es incrementar el flujo de personas y favorecer la actividad comercial, hotelera y turística.
La petición reunió aproximadamente 2.000 firmas y su impulsor fue convocado a presentar el proyecto ante autoridades del Gobierno de la Ciudad. La cuenta Mirar Hacia Arriba alcanzó cerca de 1,9 millones de visualizaciones en redes sociales.
El historiador Leonel Contreras, autor de Rascacielos porteños y Buenos Aires: leyendas porteñas, señaló que la Avenida de Mayo representó una intervención urbana inédita en la región: “Fue la primera vez que se abrió una avenida en Latinoamérica a ese nivel. Se rompe parte del Cabildo para abrir la Avenida de Mayo. Esto no existía: fue una novedad total”.
La historiadora Mariela Blanco, autora de Tan Buenos Aires, sostuvo que la avenida nació como parte de un proyecto de transformación más amplio: “Antes de que Buenos Aires comenzara a pensarse como una gran ciudad moderna, Avenida de Mayo fue concebida como una declaración de lo que la Argentina quería mostrarle al mundo”.
La avenida fue inaugurada oficialmente en 1894 y conecta la Casa Rosada con el Congreso. Su arquitectura reúne academicismo francés, neoclasicismo, art nouveau y eclecticismo. En su traza se encuentran edificios como La Inmobiliaria, el Palacio Barolo, el Café Tortoni y el Pasaje Roverano.
En el ámbito inmobiliario, la zona presenta una oferta heterogénea. Las viviendas más grandes pueden alcanzar valores cercanos a los u$s900.000, mientras que algunos monoambientes antiguos parten de alrededor de u$s45.000. En el segmento de oficinas, los alquileres promedian unos US$7 por m2, en un contexto de menor demanda tras la pandemia.
Chinen afirmó que una recuperación patrimonial podría generar un efecto multiplicador: “La llegada de la actividad hotelera, comercial y turística a la zona automáticamente levantaría el valor de las propiedades”.
La campaña puede apoyarse en Change.org a través de la petición “Mirar Hacia Arriba BA”.
