El análisis sostiene que, a 18 meses de la implementación del programa económico, la economía argentina muestra un patrón de estancamiento con caída de la inversión, pérdida de empleo y deterioro de los ingresos.
Un economista del Grupo Paternal sostuvo que el desempeño de la economía argentina no obedece a una coyuntura ni a una falta de tiempo, sino al modelo económico aplicado. En un análisis difundido este lunes, el especialista afirmó que desde comienzos de 2025 la economía exhibe un patrón de estancamiento que persiste en la actualidad.
Según el texto, salvo los sectores de agro, minería, energía y finanzas, la economía está estancada. El autor atribuye ese estancamiento a un mercado interno deteriorado por ingresos utilizados como ancla antiinflacionaria, tasas de interés volátiles y una combinación de tipo de cambio apreciado con apertura comercial.
El análisis indica que la inversión productiva cayó un 11% entre los primeros trimestres de 2025 y 2026. Además, señala que el sector privado perdió 235.000 puestos de trabajo de calidad y que las remuneraciones se mantienen un 5% por debajo de las de noviembre de 2023.
En el sector público, el economista afirma que los empleados registran remuneraciones un 20% menores, con una caída del 40% en el ámbito nacional, y que se perdieron 70.000 empleos. A esto suma la creación de cientos de miles de puestos informales y una pérdida del 10% de poder adquisitivo para cerca de 5 millones de jubilados que perciben la mínima, debido a la licuación del bono.
El texto también menciona que el superávit fiscal se viene comprimiendo por la caída de la recaudación vinculada a la actividad interna, pese a lo que describe como contabilidad creativa con intereses capitalizados, desvío de fondos de impuestos con asignación específica o deuda flotante. En ese marco, cita que el ministro de Economía, Luis Caputo, declaró que no puede seguir ajustando, pero que en agosto se recortó un 10% del gasto.
El economista cuestiona la posibilidad de que el modelo genere mejores resultados a partir de los sectores primarios. Plantea que sería necesario desarrollar proveedores o invertir parte de los recursos obtenidos en el resto de la economía, pero afirma que ambas opciones están vedadas por decisiones del gobierno: el RIGI, por los beneficios y la falta de condicionalidades para las empresas, y la política tributaria junto con el desmantelamiento de la obra pública.
Finalmente, el análisis sostiene que la caída del 5% en industria y construcción en julio demuestra que no se está en transición a nada mejor. Frente a este panorama, el autor propone una alternativa que busque la estabilidad con una distribución más equitativa de los costos del proceso, mediante mecanismos para una recomposición urgente de los ingresos (salario mínimo, paritarias y jubilaciones) y una política macroeconómica y productiva que impulse un crecimiento económico más homogéneo, con la reactivación de la inversión pública.
