Especialistas del INTA Colonia Benítez, Chaco, difundieron un informe técnico con pautas para anticipar el manejo del rodeo frente a excesos hídricos asociados al fenómeno El Niño.
El agua puede ser una aliada para la producción ganadera, pero cuando llega en exceso y durante períodos prolongados también puede convertirse en un factor de riesgo. Frente a la posibilidad de un escenario asociado al fenómeno El Niño, especialistas del INTA Colonia Benítez, Chaco, elaboraron una guía técnica con recomendaciones para que los productores puedan anticiparse a eventuales anegamientos y evitar que las decisiones deban tomarse cuando las alternativas ya sean escasas.
La premisa que atraviesa el informe es sencilla: antes de mover hacienda, suplementar o reducir la carga, hay que saber exactamente qué está pasando en cada lote.
Mirar el campo antes de que llegue el problema
José Roselló, investigador del INTA y uno de los autores del informe, plantea que el primer paso frente a una emergencia es diagnosticar la situación real de cada potrero. Ese análisis debe contemplar el tipo, grado y duración de los excesos hídricos, el estado de las pasturas y pastizales, la superficie afectada, el nivel de pisoteo y compactación, los daños provocados por el agua y, especialmente, el potencial de recuperación de las plantas.
Un aspecto clave es que la recuperación del lote no termina cuando desaparece el agua. El ingreso demasiado temprano de los animales sobre el rebrote puede comprometer seriamente la recuperación de las pasturas.
Marcelo Pamies, especialista en pasturas del INTA, señala que en lotes con el suelo saturado puede limitarse el tiempo de permanencia de la hacienda. Una alternativa es el denominado “pastoreo por horas”, con ingresos de hasta cuatro horas diarias en superficies transitables y con suficiente acumulación de forraje, utilizando alambrado eléctrico para manejar la franja.
No todas las categorías tienen la misma prioridad
Si la oferta forrajera comienza a reducirse, la estrategia de alimentación también requiere establecer prioridades. En el rodeo de cría, el INTA recomienda comenzar por las hembras de reposición y continuar con los vientres, dando especial atención a las vacas preñadas, aquellas con baja condición corporal y las de menor dentición. Luego se ubican los vientres preñados en buena condición, las vacas vacías, los toros y los novillitos.
En ese contexto, el destete aparece como una herramienta de manejo especialmente relevante. Según Roselló, aunque implica afrontar el costo de la alimentación de los terneros, permite concentrarlos en superficies reducidas, mejorar su alimentación y, simultáneamente, disminuir los requerimientos nutricionales de las vacas y favorecer la reanudación de su actividad ovárica.
La planificación alcanza también a los comederos. El informe aconseja priorizar alimentos con mayor concentración de proteína y energía, disponer entre 30 y 50 centímetros de comedero por animal y trabajar con lotes homogéneos de hasta 200 cabezas. La adaptación a una nueva ración debe realizarse gradualmente durante unos cinco días para reducir el riesgo de trastornos digestivos.
La humedad también cambia el mapa sanitario
El exceso de agua y la concentración o traslado de animales pueden modificar las condiciones sanitarias habituales del establecimiento. Victoria Rossner, investigadora del INTA Colonia Benítez, remarca la necesidad de revisar anticipadamente el plan sanitario, con especial atención a la vacunación contra enfermedades clostridiales y leptospirosis, el control de garrapatas y el monitoreo de parasitosis internas. Los terneros recién nacidos o aquellos que permanecen al pie de la madre también requieren una vigilancia especial.
El momento de mover la hacienda puede ser antes de que sea urgente
Uno de los puntos centrales de la recomendación es la logística. Para los establecimientos que eventualmente deban trasladar animales, el INTA propone preparar con anticipación la documentación y el stock, mantener actualizadas las vacunaciones y la identificación del rodeo, localizar potreros altos o zonas seguras y asegurar disponibilidad de alimento y agua.
También resulta necesario estimar las reservas existentes y definir previamente qué categorías deberían movilizarse.
La advertencia cobra particular importancia para la hacienda ubicada en islas y zonas ribereñas bajas. “Conviene hacerlo mientras los caminos lo permiten”, señala el informe.
