El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA registró un aumento de la pobreza tras alcanzar un mínimo de 26,9% en el tercer trimestre de 2025. La inflación continúa bajando, pero la pobreza volvió a crecer. Especialistas cuestionan la medición oficial y estiman cifras superiores.
Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), la pobreza aumentó durante el primer semestre de 2026. Para el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas, mientras que la indigencia llegó al 7,5%. Esto representa subas de 4,1 y 1,8 puntos porcentuales respecto del segundo semestre de 2025.
El Observatorio señaló que el dato más significativo no es solo el nivel alcanzado sino el cambio de tendencia: después de tocar un mínimo de 26,9% en el tercer trimestre de 2025, la pobreza comenzó a crecer hasta llegar al 34,6% en el segundo trimestre de 2026.
Este aumento se produce en un contexto de baja de la inflación. Hasta ahora, ambas variables parecían moverse en la misma dirección: cuanto más descendían los aumentos de precios, más retrocedía la pobreza. Esa relación se habría quebrado en el primer semestre de 2026.
La lucha contra la inflación fue uno de los ejes centrales del programa del gobierno de Javier Milei. Su diagnóstico ubicó en la emisión monetaria y el déficit fiscal el origen del problema y planteó como objetivos el «déficit cero», la eliminación de la emisión y el cierre del Banco Central.
La lógica era que terminar con la inflación era una condición necesaria para recuperar los ingresos y reducir la pobreza. Sin embargo, los datos del primer semestre de 2026 muestran que la estabilidad monetaria no se tradujo automáticamente en una reducción de la pobreza.
La experiencia internacional sugiere que bajar la inflación y reducir la pobreza no son exactamente la misma tarea. Polonia, por ejemplo, combinó durante décadas crecimiento, mejoras de productividad, mayor participación laboral, educación y aumento de los salarios. El Banco Mundial señala que entre 2005 y 2014 los ingresos crecieron en toda la distribución y la pobreza cayó de manera pronunciada, y destaca que el crecimiento de los ingresos laborales fue el principal factor detrás de esa reducción.
Irlanda combina una economía abierta con un Estado que redistribuye una parte importante de los ingresos generados por el mercado. Según la OCDE, su sistema de transferencias se ubica entre los más redistributivos de los países desarrollados. Finlandia y los países nórdicos articularon altos niveles de participación laboral y productividad con educación, salud y servicios públicos universales, además de un sistema tributario y de transferencias que reduce la desigualdad. Chile combinó crecimiento, apertura económica, expansión del empleo y políticas sociales focalizadas, con una reducción importante de la pobreza, aunque sin eliminar problemas persistentes de desigualdad y vulnerabilidad.
El caso de Polonia es señalado como particularmente relevante para la Argentina. El Banco Mundial destaca que el principal motor de la reducción de la pobreza fueron los mayores ingresos provenientes del trabajo, mientras que la asistencia social funcionó como complemento y no como sustituto de ese proceso.
La reducción de la pobreza no depende exclusivamente de que los precios dejen de subir. También depende de qué ocurre con el empleo, los salarios, la productividad, la educación, la inversión y la capacidad del Estado para redistribuir y garantizar determinados servicios.
La cifra oficial de pobreza está en discusión. Especialistas y centros de estudios cuestionan aspectos metodológicos de la medición y sostienen que, al ponderar correctamente el peso de los servicios públicos en la canasta familiar, el nivel de pobreza podría ser mayor. La consultora Equilibra estimó que durante el primer semestre de 2026 habría alcanzado el 44,9% de la población.
Si se toma como referencia la última medición de la UCA anterior a la llegada de Milei al Gobierno, el tercer trimestre de 2023 registraba una pobreza del 44,7% y una indigencia del 9,6%. Con la ponderación de los servicios públicos, la pobreza actual sería similar a la de ese período.
La Canasta Básica Total se construye con patrones de consumo de 2004/2005. Si se aplicaran los hábitos de consumo relevados en 2017/2018, el ingreso necesario para superar la línea de pobreza sería mayor. El director del INDEC, Marcos Lavagna, renunció porque no se lo dejó aplicar.
El Senado convirtió en ley la reforma del régimen de Zona Fría, que ya tenía media sanción de Diputados. La votación terminó 38 votos a favor y 8 en contra, con 26 senadores ausentes; la mayoría de Unión por la Patria se retiró del recinto y no participó de la votación. El radicalismo votó dividido.
La reforma restringe el subsidio general al gas a la Patagonia, Malargüe y la Puna, y elimina el beneficio automático que desde 2021 alcanzaba a numerosas localidades de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y otras provincias. Según las estimaciones difundidas durante el tratamiento, alrededor de 1,6 millones de usuarios dejarán de contar con el descuento universal y deberán cumplir criterios socioeconómicos para acceder a una compensación.
La reforma puede tener consecuencias sobre la pobreza, porque la reducción o pérdida del beneficio se traducirá en mayores tarifas de gas para numerosos hogares.
Equilibra también cuestiona la forma en que la Encuesta Permanente de Hogares registra los ingresos, especialmente en contextos de alta inflación, aunque reconoce que nuevas preguntas incorporadas a la encuesta permitieron captar mejor los ingresos como pensiones y asignaciones. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) observó que la evolución de los salarios de los trabajadores no registrados desde 2024 se habría alejado de la trayectoria del salario mínimo. Con esa corrección, CEPA estima una pobreza del 40% y una indigencia del 12,3% para el primer semestre; si además se actualizara la canasta de consumo, la pobreza podría ubicarse en torno al 43%.
Milei ha dicho en reiteradas ocasiones que su gobierno había sacado a 14 millones de personas de la pobreza y que la «foto» seguía siendo mala, pero que la «película» era la mejor de la historia. Esa comparación toma como referencia el máximo de pobreza registrado en 2024, después del salto inflacionario y la devaluación inicial de su propia gestión, y no la situación existente al momento de asumir.
El verdadero examen de una política contra la pobreza no debería ser cuántas personas dejaron estadísticamente de ser pobres en el punto más alto de una crisis, sino cuántas pueden dejar de serlo de manera permanente. La pobreza que baja porque los precios dejan de correr es una mejora; la pobreza que baja porque aumentan de manera sostenida la productividad, los salarios, el empleo formal y las oportunidades económicas es otra cosa. El desafío para Milei sería demostrar un programa o un modelo que evite que la pobreza vuelva a subir y consiga perforar ese núcleo estructural que, como señala la UCA, permanece cercano al 30% de los argentinos.
Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira
