La nueva versión de los Criterios de Roma flexibiliza los parámetros diagnósticos y amplía el número de personas que pueden ser diagnosticadas con síndrome de intestino irritable (SII). En Argentina, la prevalencia estimada vuelve a ubicarse en torno al 10% de la población adulta.
En Argentina, casi uno de cada 10 adultos cumple con criterios para el síndrome de intestino irritable (SII), según datos difundidos tras la publicación de la quinta versión de los Criterios de Roma. Estos criterios, actualizados cada 10 años por un grupo de expertos, fueron publicados este año en una edición especial de la revista Gastroenterology.
El SII es uno de los trastornos del eje cerebro-intestinal más frecuentes y uno de los principales motivos de consulta en la práctica clínica y gastroenterológica. Los nuevos criterios, denominados Roma V, flexibilizan parámetros que se habían endurecido en la edición anterior (Roma IV, vigente desde 2016) y que dejaban fuera de la definición a pacientes con síntomas compatibles.
Según Jorge Olmos, jefe de la sección de Neurogastroenterología del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), los ajustes introducidos en Roma V permiten incluir a más personas que conviven con dolor o molestias abdominales recurrentes asociadas a alteraciones en el hábito intestinal. «El síndrome de intestino irritable es una de las consultas más frecuentes en medicina familiar. El problema no era que no lo diagnosticáramos, sino que, durante los últimos años, probablemente estábamos dejando fuera a muchos pacientes porque los criterios eran demasiado restrictivos», afirmó Karin Kopitowski, especialista en medicina familiar, en un artículo publicado en el sitio de la Fundación MF.
En un comentario publicado en Medscape, el médico Álvaro de la Serna sostuvo que la rigidez anterior dejaba afuera a pacientes que en la consulta seguían siendo reconocidos como personas con intestino irritable. También advirtió que ampliar los criterios exige mantener una evaluación clínica rigurosa.
Principales cambios en los criterios diagnósticos
Uno de los cambios centrales de Roma V es la reincorporación de la molestia abdominal como criterio diagnóstico. Roma IV exigía dolor abdominal y había excluido el disconfort. «Se vuelve a incluir la molestia abdominal en los criterios diagnósticos, tras haber sido eliminada en los criterios de Roma IV. Esta inclusión responde a la evidencia de que los pacientes de ciertos países pueden experimentar molestias sin dolor al diagnosticar el SII», escribieron los autores en el artículo de Gastroenterology.
Los expertos definen la molestia como síntomas lo suficientemente molestos como para buscar atención médica o interferir con la actividad diaria y la calidad de vida. Olmos señaló que la molestia es de menor intensidad que el dolor, aunque la percepción depende del umbral de cada persona.
Otro de los cambios es la reducción de la frecuencia requerida de los síntomas. Antes, para el diagnóstico, se debía sentir dolor al menos un día por semana. Ahora, el umbral baja a tres días al mes durante los últimos tres meses, lo que permite contemplar a personas con síntomas menos frecuentes.
El tercer ajuste precisa que el dolor debe ser recurrente, pero no continuo. «Debe ser intermitente, para excluir el dolor central (orgánico)», explicó Olmos. El SII no tiene una causa orgánica identificable: no hay úlcera, pólipo, tumor ni otra causa orgánica que provoque los síntomas. El dolor o la molestia tampoco debe ocurrir exclusivamente durante las menstruaciones, según precisó el especialista.
Prevalencia y diagnóstico
En diálogo con Clarín, Olmos reconoció que estos cambios en los criterios «sensibilizan y hacen más frecuente» al intestino irritable. Bajo los criterios de Roma III, un estudio epidemiológico liderado por Olmos indicó que el 9% de la población estudiada tenía condiciones compatibles con el SII. Esa prevalencia bajó al 4% cuando se endurecieron los criterios en Roma IV. Con los nuevos cambios, vuelve a ubicarse en torno al 10%.
«La prevalencia es el porcentaje en la población. La buscamos en sujetos que, en teoría, están sanos, no en pacientes sintomáticos. Cuando uno va a la población con cuestionarios validados, 9 de cada 100 tienen criterios de Roma de intestino irritable. Eso no quiere decir que todos tengan la enfermedad confirmada, sino que tienen criterios clínicos que hacen sospecharla. El diagnóstico es otra cosa», aclaró Olmos.
El diagnóstico se basa primero en criterios clínicos respecto al dolor o la molestia. Luego se evalúa el patrón evacuatorio, que puede ser con diarrea como síntoma dominante, con constipación como síntoma dominante, o una forma mixta. En Argentina, el subtipo con diarrea dominante es el más frecuente. Una vez establecido esto, se deben descartar síntomas de alarma como anemia, pérdida de peso sin explicación, sangrado digestivo, edad mayor de 50 años, diarrea nocturna o incontinencia fecal. Se solicita un análisis de sangre básico y anticuerpos para enfermedad celíaca. Si no hay síntomas de alarma y los anticuerpos son negativos, se aborda un tratamiento según el subtipo.
Si el paciente no responde adecuadamente, se deben evaluar otros trastornos que pueden confundirse con el SII, como la colitis microscópica o la insuficiencia pancreática exocrina. «Un tercio de los casos de colitis microscópica cumplen criterios de Roma como si fuera intestino irritable», señaló Olmos. En un trabajo en el Hospital de Clínicas con pacientes con diarrea dominante, cinco de cada 100 clasificados con SII tenían insuficiencia pancreática exocrina y respondieron al tratamiento con enzimas pancreáticas.
Tratamiento y enfoque multidisciplinario
El tratamiento del SII se dirige al dolor o la molestia con antinociceptivos y antiespasmódicos. En casos con constipación dominante, la primera línea es un laxante como el polietilenglicol, y si no responden, linaclotida. En pacientes con diarrea, se deben establecer los mecanismos, entre los que se incluyen el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO), la mala absorción de ácidos biliares o la intolerancia a la lactosa.
Olmos destacó que el común denominador de todos los tipos es la alteración del eje cerebro-intestinal, por lo que se pueden realizar terapias no farmacológicas como el mindfulness. «Durante la pandemia hicimos un trabajo en la universidad midiendo a 140 pacientes durante el confinamiento y sus síntomas mejoraron notablemente al estar fuera del estrés diario», afirmó. El estrés, la depresión y los factores emocionales actúan como disparadores. «Por eso es trascendente el enfoque multidisciplinario sobre la interacción intestino-cerebro», agregó.
En cuanto a la alimentación, existen alimentos agrupados bajo el acrónimo FODMAPs que, por fermentación bacteriana, pueden generar síntomas. «Es clave no realizar restricciones alimentarias importantes sin consejo especializado, ya que en el largo plazo pueden llevar a déficits nutricionales», advirtió Olmos.
Los nuevos criterios Roma V buscan mejorar la identificación de pacientes con SII, una entidad que, según los especialistas, afecta de manera significativa la calidad de vida.
