El especialista en automoción y competición, Juande Rodríguez Santos, brinda recomendaciones para interpretar las señales del vehículo y evitar reparaciones costosas.
“Si el vehículo empieza a hacer algo extraño, hay que prestarle atención”. Es una de las recomendaciones que Juande Rodríguez Santos repite a sus clientes cuando le preguntan cómo evitar una avería cara. Tiene 34 años y se inició en el sector mecánico con 16, mientras cursaba un ciclo formativo de automoción. A los 18 consiguió su primer contrato y con 20 abrió su propio negocio. Hoy suma 14 años al frente del taller y ocho años dedicados a la competición, trabajando con equipos de montaña, circuito y rally y participando en varios campeonatos de España.
La duda de muchos conductores suele aparecer cuando se enciende una luz en el cuadro de instrumentación, el motor pierde fuerza o un ruido nuevo empieza a repetirse. ¿Se puede seguir circulando? ¿Hay que parar? ¿Es una avería seria o un aviso pasajero? Son dudas que Rodríguez recibe a diario y ante las que tiene una regla especialmente clara: si la luz es roja, hay que detener el vehículo. “Cuando el auto todavía permite continuar la marcha, saber interpretar lo que está ocurriendo y no dejar pasar las primeras señales puede marcar la diferencia entre una reparación asumible y un problema mucho más costoso”, señala el especialista, en conversación con La Vanguardia.
¿Qué debe hacer un conductor cuando se enciende el testigo de avería del motor?
Lo primero es fijarse en el color del testigo. Las luces rojas requieren una atención inmediata: si se enciende una de presión de aceite, batería, frenos o temperatura, hay que parar el auto y no seguir circulando. El testigo de avería del motor suele ser amarillo y la situación es diferente. Hay que observar cómo se comporta el vehículo. Si funciona con normalidad, sin pérdida de potencia ni tirones, en muchos casos se puede llegar hasta un taller con precaución para realizar una diagnosis. En mi experiencia, aproximadamente en el 90% de los casos se puede hacer. Si el auto funciona aparentemente bien, también se puede detener en un lugar seguro, apagar el motor, esperar unos minutos y volver a arrancarlo. A veces el aviso desaparece temporalmente, pero eso no significa que la avería haya desaparecido.
Entrevista Juande Rodriguez, Mecánico de Competición.
¿Cuáles son las averías que más se repiten y qué errores terminan encareciendo las reparaciones?
Muchas de las averías importantes que llegan al taller están relacionadas con la falta de mantenimiento. No cambiar el aceite y los filtros cuando corresponde puede provocar desgastes internos del motor y reparaciones muy costosas. También ocurre con elementos como las cajas de cambios automáticas, los frenos o los neumáticos, que necesitan su mantenimiento correspondiente y además afectan directamente a la seguridad. Cuando alguien me pregunta qué vehículo comprar o cuál da menos problemas, siempre doy el mismo consejo: que compre uno que pueda mantener al día. No tiene sentido adquirir un vehículo y después retrasar sus revisiones porque mantenerlo resulta demasiado caro.
¿Qué parte del trabajo que se hace en un taller no suele ver el cliente cuando se repara una avería?
Una de las situaciones que me encuentro es que algunos clientes piensan que, si cambiar una pieza lleva diez minutos, la reparación debería limitarse a esos diez minutos. Pero antes hay que averiguar qué está fallando. Cuando entra un carro al taller, primero hablamos con el cliente para conocer los síntomas, después hacemos una diagnosis y, si es necesario, probamos el vehículo en carretera para intentar reproducir el problema. Después llega la inspección más profunda. Hay averías que se localizan en una hora y otras que pueden ocupar un día entero. No siempre se puede saber de antemano cuánto tiempo llevará encontrar el origen.
Una vez localizado, quizá sustituir la pieza sean diez minutos porque está en un sitio accesible, pero el trabajo no termina ahí. Después hay que volver a probar el vehículo y comprobar mediante diagnosis que todo funciona correctamente. Para esas comprobaciones también hay que mover el vehículo, hacer kilómetros o mantenerlo arrancado el tiempo necesario. Todo ese proceso también forma parte de la reparación, aunque sea una parte que el cliente no siempre vea.
¿Ha contribuido internet a crear una idea equivocada sobre el trabajo de los mecánicos?
Hay mucha información útil, pero también mucha desinformación. Los llamados ‘mecánicos de barra de bar’ y algunos vídeos de YouTube han hecho daño a la imagen de nuestra profesión. El problema aparece cuando alguien ve un caso en internet y piensa que su carro tiene exactamente la misma avería. Un mismo síntoma puede tener varios orígenes. No basta con leer un código de error o encontrar un vídeo sobre un auto parecido. Para diagnosticar hay que escuchar al cliente, probar el vehículo, revisar sus parámetros y comprobar qué está ocurriendo. Esa parte del trabajo muchas veces no se ve desde fuera.
¿Qué síntomas pueden alertar de un problema en el turbo o en el sistema de admisión?
Depende de cómo se manifieste la avería. Si hay pérdida de potencia y humo blanco o azulado, puede existir un problema en el turbo, especialmente si está consumiendo aceite. Si la pérdida de potencia aparece junto a humo negro, puede haber un tubo de admisión o el intercooler dañado y una pérdida de presión. Cuando el auto pierde potencia pero no echa humo, puede tratarse de un sensor del sistema de admisión sucio, de un exceso de carbonilla u otro problema que ya requiere una diagnosis para comprobar los parámetros del motor. Lo que no conviene es acostumbrarse a que el vehículo ‘ya no tira como antes’ y atribuirlo simplemente al paso de los años. Una pérdida de potencia o un cambio en el comportamiento del vehículo puede ser la primera señal de una avería que todavía está a tiempo de detectarse y repararse.
¿Qué señales avisan de que la batería está llegando al final de su vida útil?
En los autos actuales, una señal bastante habitual es que el sistema Start-Stop deje de funcionar por sí solo. El vehículo puede desactivarlo cuando detecta que la batería empieza a deteriorarse. También puede notarse que el motor gira con menos fuerza al arrancar o que el reloj del cuadro se desconfigura por los picos de tensión. No significa necesariamente que el auto vaya a quedarse parado inmediatamente, pero sí que conviene comprobar el estado de la batería antes de que falle por completo.
¿Y qué ocurre con el embrague? ¿Hay alguna señal que el conductor pueda detectar fácilmente?
Es una de las averías que más fácilmente se pueden reconocer por el comportamiento del auto. El síntoma más claro aparece al acelerar: el motor sube de revoluciones, pero el vehículo no avanza en la misma proporción. Es lo que llamamos que el embrague patina. Puede notarse especialmente al acelerar con intensidad o al afrontar una pendiente. Si ocurre de manera repetida, conviene revisarlo y no esperar a que el desgaste vaya a más.
¿Qué tres consejos daría para ahorrar dinero en el taller sin retrasar una reparación necesaria?
El primero es llevar el mantenimiento al día y solucionar las pequeñas averías cuando aparecen. Dejar pasar un problema puede hacer que termine afectando a otros componentes y convirtiéndose en una reparación mucho más cara. El segundo es utilizar cada automóvil para aquello para lo que está preparado. Un turismo no está pensado para trabajar habitualmente en caminos de campo o arrastrar grandes cargas. Ese uso acelera el desgaste. Y el tercero es escuchar el auto. Ruidos, vibraciones, pérdida de potencia o cualquier comportamiento que antes no existía son señales que conviene comunicar al mecánico. Nadie conoce mejor un vehículo que quien lo conduce todos los días.
Pau Allué
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