La economía brasileña presentó un índice de precios al consumidor superior a lo esperado durante el mes de marzo, según informó este jueves el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El incremento mensual del 0,44% contrasta con la mediana de 0,29% proyectada por economistas consultados en una encuesta de Bloomberg.
Contexto de desaceleración y riesgos externos
A pesar de este repunte mensual, la inflación interanual mostró una desaceleración, ubicándose en el 3,9%. Este indicador se acerca al objetivo oficial del 3% establecido por las autoridades monetarias. Sin embargo, el escenario se complejiza por la situación internacional.
En un informe separado, el Banco Central de Brasil mantuvo su proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para 2026 en un 1,6%. No obstante, los miembros de la junta de gobierno emitieron una advertencia explícita: un conflicto prolongado en Medio Oriente podría afectar la actividad económica doméstica y ejercer presión alcista sobre los precios.
Respuesta de política monetaria y fiscal
Frente a este panorama, las autoridades ya han comenzado a tomar medidas. La semana pasada, el Banco Central, bajo la conducción de Gabriel Galipolo, inició un ciclo de flexibilización monetaria con su primer recorte de tasas de interés desde 2024.
En paralelo, el gobierno federal anunció acciones para mitigar el impacto externo, incluyendo la reducción de ciertos impuestos a los combustibles y la habilitación de líneas de crédito específicas para sectores empresariales que pudieran verse afectados.
Incertidumbre en los mercados y perspectivas
La reacción del mercado financiero fue inmediata. Los swaps de tasa de interés con vencimiento en enero de 2027 registraron un aumento de hasta 27 puntos básicos, reflejando un ajuste en las expectativas sobre la futura trayectoria de la política monetaria.
En las actas de su última reunión, publicadas el martes, los directores del Banco Central señalaron que la magnitud y duración del ciclo de recortes de tasas se determinarán de manera gradual, en función de la incorporación de nueva información. Subrayaron que, si bien algunos sectores como el petrolero podrían obtener beneficios puntuales, los efectos agregados de un conflicto prolongado serían los típicos de un shock negativo de oferta: mayor inflación y menor crecimiento.
Esta perspectiva contrasta con la de analistas privados, quienes en una encuesta semanal del propio banco proyectan un crecimiento económico ligeramente más optimista para este año, del 1,84%.
