Una nueva propuesta legislativa en California busca transformar la experiencia de compra en los supermercados mediante la creación de un sello de calidad estatal. El proyecto, impulsado por el asambleísta Jesse Gabriel, establecería la etiqueta «California Certified» para identificar productos alimenticios que no han sido sometidos a procesos industriales agresivos.
Un sello para fomentar la transparencia
Inspirado en el modelo de certificación orgánica del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), el sello «California Certified» pretende ser una herramienta clara para los consumidores. La normativa exigiría a los establecimientos comerciales colocar estos productos certificados en áreas de alta visibilidad, como los extremos de los pasillos, facilitando su identificación.
«Estamos dando el siguiente paso lógico para abordar el tema de los alimentos ultraprocesados en nuestros supermercados», declaró el legislador Gabriel. A diferencia de medidas prohibitivas, el enfoque busca, según sus palabras, «fortalecer la libertad de elección del consumidor y fomentar la innovación» dentro de la industria alimentaria.
Criterios y proceso de certificación
Para obtener la distinción, los alimentos deberán estar compuestos por ingredientes mínimos y haber sido elaborados mediante procesos mecánicos simples. Quedan excluidos aquellos productos que contengan potenciadores de sabor artificiales, colorantes sintéticos o niveles elevados de sodio y grasas saturadas, características típicas de los ultraprocesados.
El cronograma establece que, a partir de junio de 2028, los fabricantes podrán solicitar la certificación ante organismos acreditados. Quienes la obtengan deberán renovarla cada tres años, garantizando así el mantenimiento de los estándares de producción requeridos.
Apoyo social y críticas de la industria
La iniciativa cuenta con un respaldo ciudadano significativo. Una encuesta de la consultora Public First reveló que más del 60% de la población apoya medidas para retirar o señalizar claramente los alimentos ultraprocesados en las tiendas. Expertos en consumo, como Bernadette Del Chiaro del Environmental Working Group, destacan que el sello oficial servirá como una «señal de alerta» y una herramienta de contraste frente a declaraciones publicitarias que pueden resultar engañosas.
Sin embargo, el proyecto enfrenta la oposición de cámaras manufactureras nacionales. Estos sectores argumentan que los nuevos requisitos de etiquetado y exhibición representan una carga burocrática excesiva que podría elevar los costos operativos y, en última instancia, el precio final de los productos básicos para el consumidor.
Un debate con miras al futuro
El asambleísta Gabriel respondió a las críticas afirmando que quienes defienden el statu quo actual «están completamente desconectados del público estadounidense y de la crisis de salud actual». La propuesta se enmarca dentro de una política estatal más amplia que ya ha implementado restricciones sobre colorantes y químicos en los almuerzos escolares.
Ahora, el proyecto de ley aguarda su aprobación en la legislatura californiana. De convertirse en ley, marcaría un precedente en la regulación de la comercialización de alimentos y podría influir en políticas similares en otros estados del país, redefiniendo la relación entre los consumidores y lo que encuentran en las góndolas.
