Una investigación publicada en marzo de 2026, que involucró a más de 5.500 personas de diez países, no encontró diferencias significativas en la felicidad general entre quienes tienen hijos y quienes no, pero sí detectó variaciones en otros aspectos del bienestar.
Un estudio internacional publicado en marzo de 2026, titulado «¿Contribuye la maternidad y la paternidad al bienestar emocional? La paradoja de la neutralidad y una posible resolución», analizó a 5.556 personas de China, Grecia, Japón, Perú, Polonia, Rusia, España, Turquía, Reino Unido y Ucrania. El objetivo fue comparar distintos aspectos del bienestar entre padres y quienes no lo son.
El resultado principal indica que no existen diferencias relevantes en la felicidad general, las emociones positivas del día a día o la satisfacción con la vida. En una escala de 0 a 10, por ejemplo, los padres obtuvieron apenas 0,32 puntos más en «felicidad» que quienes no tienen hijos, una diferencia considerada mínima.
La investigación, realizada por Menelaos Apostolou y otros investigadores, distingue entre dos tipos de bienestar: el hedónico (relacionado con emociones cotidianas como la alegría o la tristeza) y el eudaimónico (vinculado al sentido de propósito y dirección en la vida). Los autores sostienen que «no encontramos diferencias entre padres y no padres en prácticamente todas las dimensiones del bienestar hedónico y la satisfacción con la vida».
Sin embargo, el estudio sí detectó un efecto positivo, aunque bajo, en el bienestar eudaimónico. Las personas con hijos reportaron una mayor sensación de que la vida tiene sentido, un efecto que se observó con más frecuencia en mujeres y en edades más adultas.
Otro hallazgo clave se refiere a la vida en pareja. Las personas con hijos reportaron una menor satisfacción en su relación de pareja en comparación con quienes no los tienen. Los investigadores señalan que la crianza combina factores que pueden fortalecer el vínculo, como un proyecto compartido, pero también implica más demanda, menos tiempo y mayor estrés y presión económica.
El trabajo también revisa investigaciones anteriores que sí encontraban mayor felicidad en padres y madres. Según los autores, esto podría deberse a que los estudios previos no agrupaban a los participantes con suficiente precisión, por ejemplo, al no separar adecuadamente el hecho de tener pareja del hecho de tener hijos.
Finalmente, el estudio aborda lo que denomina la «paradoja de la neutralidad»: si tener hijos no aumenta el promedio de felicidad diaria, ¿por qué la mayoría de los padres los describen como lo más importante de su vida? La investigación sugiere que la paternidad no cambia el «promedio» emocional a largo plazo, pero sí genera «picos» emocionales muy intensos, tanto positivos (alegría, orgullo) como negativos (estrés, preocupación). Estos momentos, siendo intensos, son demasiado infrecuentes y de corta duración como para impactar en las mediciones generales de bienestar. Cuando se pregunta a los padres, lo primero que viene a su mente son esos picos de alegría; de hecho, el 97% asegura que sus hijos son una fuente de experiencias emocionales positivas.
Los autores insisten en que estos resultados no deben usarse para tomar decisiones personales sobre tener o no hijos, y enfatizan que su investigación se centra en promedios generales que pueden no reflejar experiencias individuales.
