La exigencia regulatoria de desinvertir líneas móviles abre una oportunidad para Claro y Telecentro, que buscan captar clientes y expandir sus redes frente al nuevo gigante del sector.
La obligación de desinvertir millones de líneas móviles, impuesta por el regulador antimonopolio, genera un escenario inédito en el mercado argentino de telecomunicaciones. Este movimiento busca mitigar la concentración que generará la fusión entre Telecom y los activos de Telefónica (Movistar), impulsando una reconfiguración profunda del sector.
El nuevo grupo fusionado planea consolidar una red unificada, con foco en el despliegue de tecnología 5G y la expansión de fibra óptica al hogar (FTTH). Su estrategia apunta a evitar superposiciones de infraestructura y a capturar mayor valor en segmentos corporativos y de economía digital.
Frente a este panorama, Claro, controlada por el grupo América Móvil, busca posicionarse estratégicamente para captar una porción significativa de los clientes móviles que deberán migrar. La compañía también analiza su participación en futuras asignaciones de espectro radioeléctrico para reforzar su capacidad de red y ganar peso en el segmento corporativo.
En paralelo, Telecentro definió un plan de inversión de $15.000 millones de pesos (unos u$s17 millones) para expandir intensivamente su red de fibra al hogar durante 2026, con el objetivo de sumar unos 500.000 nuevos hogares en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Su estrategia comercial se centra en promociones agresivas asociadas a la portabilidad numérica y paquetes convergentes.
Este contexto de ofensivas responde a un mercado que ha alcanzado la madurez: la telefonía móvil tiene una penetración que supera el 120%, y la banda ancha fija alcanza cerca del 80% de los hogares. La competencia ya no se centra en el crecimiento en volumen, sino en capturar clientes de alto valor y optimizar la rentabilidad.
