Con 28 años y una formación excepcional en bioastronáutica, la salteña fue seleccionada para un programa internacional y trabaja en un proyecto para que la Argentina tenga su propia misión espacial.
Noel de Castro nació en Salta en 1997 y desde pequeña soñó con el espacio. Hoy, con 28 años, está más cerca que nunca de convertir ese sueño en realidad: aspira a ser la primera mujer argentina en viajar al espacio y trabaja activamente para que el país desarrolle su propia capacidad espacial.
Ingeniera biomédica egresada de la Universidad Favaloro y especialista en bioastronáutica, De Castro fue una de las nueve personas en todo el mundo seleccionadas para el Project Possum, un programa del Instituto Internacional de Ciencias Astronómicas que estudia la atmósfera superior y el cambio climático. Actualmente reside en Estados Unidos y se prepara desde Cabo Cañaveral.
Su objetivo no es solo viajar al espacio, sino sentar las bases para una misión espacial argentina. «Propuse a la Argentina hacer la primera misión espacial y empezar a entrenar astronautas a lo largo del tiempo. Que con los F-16 y la base en la Antártida, la Argentina pueda ser parte de la historia, tener su propia misión espacial y aportar en el entrenamiento de astronautas», explicó en una entrevista.
El camino, reconoce, es desafiante. Implica diálogo con el gobierno y empresas, la búsqueda de apoyo financiero, un entrenamiento físico y técnico riguroso, y asumir riesgos. Su meta es participar en una expedición a la Estación Espacial Internacional (EEI) programada para principios de 2027.
«Uno con la idea de ser astronauta piensa que es investigar, estudiar y entrenar, pero es mucho más. Estás representando a un país no sólo para tu gente, sino para el resto del mundo», reflexionó. Aunque admite que la exposición mediática no es su faceta favorita, asume su rol con determinación.
Su pasión por el espacio se consolidó en 2018, al observar los lanzamientos de Space-X. «Mi camino siempre fue con el sueño de ser astronauta, que hoy por suerte tengo la posibilidad, pero siempre con la idea de ser parte de la industria. Si no era viajar, iba a ser construir trajes o la estación espacial», afirmó.
La bioastronáutica, su campo de estudio, analiza el comportamiento del cuerpo humano en el entorno aeroespacial. Combinada con la ingeniería biomédica, permite crear el equipamiento necesario para la supervivencia en el espacio, donde el cuerpo enfrenta fuerzas de hasta 4G durante el despegue, microgravedad, y alteraciones severas en los fluidos, el ciclo del sueño y la masa ósea.
«No hay nada en este mundo que nos pueda frenar cuando las cosas son buenas, con pasión y dedicación», concluyó De Castro, quien ahora se enfoca en su entrenamiento y en los pasos necesarios para hacer historia.
