Honda anunció su primera pérdida neta en décadas, mientras que Nissan avanza en una profunda reestructuración. La lenta adaptación a los vehículos eléctricos y el avance de competidores, principalmente chinos, marcan un punto de inflexión para el sector.
En una conferencia de prensa el mes pasado, Mibe Toshihiro, director ejecutivo de Honda, anunció que la automotriz japonesa registraría su primera pérdida neta desde 1957 en el ejercicio fiscal que finaliza en marzo. Como gesto, Mibe indicó que reduciría su salario en un 30%, al igual que su adjunto. Honda no es la única compañía bajo presión. En un evento posterior, el mismo ejecutivo advirtió: «La propia industria automotriz japonesa está al borde de la supervivencia».
Nissan, por su parte, está en el segundo año de una reestructuración que incluye el cierre de siete fábricas para 2028. Un arancel del 25% a los autos importados en Estados Unidos ha afectado las ganancias, pero el golpe más significativo proviene del vertiginoso ascenso de los competidores chinos. En 2019, las automotrices japonesas representaban el 31% de las ventas globales; el año pasado, su participación había caído al 26%. En China, sus ventas se desplomaron en un tercio desde 2019. En el sudeste asiático, su cuota de mercado fue del 57% en 2025, frente al 68% de apenas dos años antes.
El núcleo del desafío radica en que, incluso más que sus pares occidentales, las automotrices japonesas han tenido dificultades con la electrificación. Muchas mostraron escepticismo respecto a la permanencia de los vehículos eléctricos (VE), que representan una proporción mínima de sus ventas. Los vehículos a nafta constituyen más de la mitad de las ventas de todas las automotrices japonesas; en Nissan, esa proporción asciende al 80%. En lugar de apostar por autos enchufables, la mayoría optó por enfatizar los híbridos convencionales, cuya fabricación se adapta más fácilmente a sus líneas de producción tradicionales.
Sin embargo, el crecimiento de los vehículos eléctricos ha continuado a gran ritmo. Las ventas de VE, incluidos los híbridos enchufables, representaron el 26% del mercado automotor mundial el año pasado, frente a solo el 3% en 2019. Un tercio de los autos vendidos en Asia son ahora eléctricos. En Tailandia, un mercado histórico para Japón, la participación de los VE alcanza el 20% y sigue en aumento.
Frente a este escenario, los fabricantes japoneses han comenzado a ampliar su oferta eléctrica. En 2024, Honda lanzó su primer vehículo eléctrico de producción masiva, desarrollado con General Motors. No obstante, la fabricación de VE, que depende mucho más del software que del hardware mecánico, no se ajusta a la fortaleza tradicional de Japón. Las compañías están buscando diversas formas de obtener experiencia en software. Nissan firmó una asociación con la startup británica Wayve, mientras que Honda abandonó recientemente un proyecto conjunto con Sony.
Estas nuevas inversiones han incrementado los costos, incluso cuando las ventas totales siguen por debajo del nivel previo a la pandemia, comprimiendo los márgenes de ganancia. Según análisis del sector, los costos fijos por unidad de la industria son un 78% más altos que hace una década. El aumento de los salarios y las leyes laborales en Japón también han dificultado los ajustes necesarios para esta transición tecnológica.
