Mientras el Gobierno extiende los plazos para la eliminación de retenciones, las lluvias excesivas complican la cosecha de soja y ponen en riesgo la producción.
El sector agropecuario argentino enfrenta simultáneamente desafíos estructurales de largo plazo y urgencias inmediatas. Esta semana, el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, indicó que la eliminación total de los derechos de exportación podría concretarse hacia el final de un eventual segundo mandato del presidente Javier Milei, enfatizando que, sin equilibrio fiscal, no hay margen para nuevas bajas impositivas.
En paralelo, el clima afecta severamente la campaña. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, las persistentes lluvias en la región núcleo frenaron la cosecha de soja, con un avance de solo el 25% del área, muy por debajo del promedio histórico del 55%. La alta humedad y los suelos saturados generan riesgos de deterioro en la calidad del grano.
Desde el sector productivo, como lo expresó el presidente de la Asociación Argentina de Girasol (Asagir), Martín Salas Oyarzun, se reitera el reclamo por la carga impositiva que erosiona la competitividad. Como contrapunto, el girasol, con reglas más estables y una presión relativa menor, casi duplicó su producción, alcanzando unos siete millones de toneladas.
Además de los problemas climáticos e impositivos, se suma la suba internacional en los precios de fertilizantes y combustibles, lo que amenaza los márgenes de los próximos ciclos agrícolas. El campo reclama señales claras y plazos razonables en un contexto de alta incertidumbre.
