A partir de 2027, los teléfonos vendidos en la UE deberán tener baterías que los usuarios puedan cambiar sin herramientas especializadas, como parte de una estrategia contra la obsolescencia programada.
La Unión Europea continúa su lucha contra la obsolescencia programada con una nueva normativa que impactará directamente en el diseño de los smartphones. Desde 2027, todos los teléfonos comercializados en territorio europeo deberán incluir baterías que el propio usuario pueda extraer sin necesidad de herramientas especializadas. Esta medida forma parte de un plan más amplio para reducir los residuos electrónicos y fomentar la reparabilidad de los dispositivos.
La iniciativa se suma al «derecho a reparar» vigente desde marzo de 2021, que obliga a los fabricantes a garantizar la disponibilidad de piezas de repuesto durante al menos diez años y a diseñar productos que puedan desmontarse con herramientas comunes. Además, desde junio de 2023, los dispositivos electrónicos deben llevar una etiqueta energética que informa sobre su eficiencia, facilidad de reparación y resistencia.
Con la nueva reglamentación, los smartphones deberán contar con baterías más duraderas, capaces de soportar más ciclos de carga sin perder capacidad. Los diseños unibody, que requieren herramientas especializadas para acceder a la batería, quedarán prohibidos. Esto obligará a fabricantes como Apple, Samsung y Xiaomi a rediseñar sus modelos para el mercado europeo.
Además del hardware, la normativa exige que las marcas garanticen el acceso a piezas de repuesto originales y proporcionen actualizaciones de software durante un período mínimo. El objetivo es evitar que los dispositivos queden obsoletos por falta de soporte o compatibilidad.
El sector tendrá un período de adaptación hasta 2027 para ajustar sus procesos de producción y logística. Desde Bruselas señalan que priorizar la reparación contribuye a reducir costes, disminuir la generación de residuos y el consumo de materiales, alineándose con los objetivos del Pacto Verde Europeo.
