El encuentro empresarial más exclusivo del país se realizó con foco en proyectos concretos y sin menciones al presidente Javier Milei. Asistió el ministro de Economía, Luis Caputo, en un clima de discreción.
El encuentro anual del Grupo Llao Llao, que reúne a los principales empresarios y CEOs del país, se celebró entre el 29 de abril y el 1 de mayo en Bariloche con un perfil marcadamente técnico y alejado de la agenda política. A diferencia de ediciones anteriores, la figura del presidente Javier Milei no fue mencionada ni invitada formalmente, según trascendió entre los asistentes.
El único representante del Gobierno fue el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien asistió con la condición de que no se hicieran comentarios sobre el Presidente ni su gestión. La promesa fue cumplida, y Caputo fue bien recibido en un ambiente de cordialidad y discreción.
El lema del evento fue “Pensando el mañana, hoy”, una frase que refleja la intención de los organizadores de centrarse en proyectos concretos y oportunidades de negocio, dejando de lado las tensiones políticas que marcaron la relación entre el Ejecutivo y el empresariado desde 2024.
Entre los temas destacados se discutió la adjudicación del gasoducto entre Vaca Muerta y Río Negro a la empresa italiana Sicim junto a la argentina Víctor Contreras, por un monto de unos 500 millones de dólares, en el marco del RIGI. También se analizó el posible desembarco del inversor global Peter Thiel en el país y las implicancias del último acuerdo con el FMI, que incluyó a la energía, minería, agro y economía del conocimiento como sectores clave.
El evento contó con la presencia de figuras como la reina Máxima de Holanda, en su rol en la ONU, el anfitrión Eduardo Elsztain, Marcos Bulgheroni, Marcos Galperin y los fundadores de Globant, entre otros. Todos aprovecharon el clima distendido para debatir sobre el futuro económico del país, aunque sin definirse sobre si el crecimiento será posible con la actual dirigencia política.
La edición 2026 del Llao Llao cerró casi sin política, un lujo que difícilmente pueda repetirse en 2027, cuando la discusión electoral será inevitable.
