El pequeño Giovanni, que estuvo internado seis meses tras recibir fentanilo contaminado con bacterias multirresistentes, cumplió un año de vida. Sus padres relatan el difícil proceso y su recuperación.
Sol habla en voz baja mientras Giovanni duerme una siesta breve antes de la cena. Es lunes y hace un día que cumplió su primer año de vida. Sobrevivió al fentanilo contaminado, un caso que conmocionó a Argentina.
Clarín había entrevistado a Darío y Sol, los padres del bebé, en 2025, cuando Giovanni tenía tres meses y llevaba tres meses internado en la Clínica Vélez Sarsfield de Córdoba capital. Había nacido el 26 de abril. En aquella oportunidad, contaron que recién los dejaban alzarlo a upa, pero Giovanni nunca había visto la luz del sol.
La razón por la que recibió fentanilo contaminado con bacterias multirresistentes, producido por los laboratorios HLB y Ramallo, lo mantuvo seis meses internado sin estar al aire libre. “Él no nació con ninguna complicación”, explicó Sol. “El tema es que, cuando los bebés nacen, no todos logran sacar el líquido de sus pulmones. En ocho de cada diez niños pasa que los tienen que aspirar”.
Sol, de 21 años, se instruyó a fuerza de necesidad en cuestiones médicas, prevalencias epidemiológicas, resistencia antimicrobiana y cuidados intensivos. Todo mientras aprendía a ser mamá primeriza. El problema comenzó con una “tosecita” que escuchó Darío apenas llevaron a Giovanni a la habitación, minutos después del parto. “Entonces, lo iban a aspirar, lo que llevaba unas horitas, nada más. Pero se ve que se complicó y por eso decidieron intubarlo”, relató. Como es un procedimiento invasivo, debieron colocarle un calmante: fentanilo.
“Súper injusto”, resumió Sol, como quien ya odió, rezó, blasfemó, suplicó, se esperanzó y desesperanzó demasiadas veces. Giovanni pasó por un proceso infeccioso abrumador, recibió varios antibióticos a la vez, incluso para adultos. Sus padres escucharon que eran los últimos minutos, que debían despedirse, o que si sobrevivía, tendría daño en algún órgano y compromiso neurológico latente.
Sin embargo, hoy Sol está agradecida: “Está súper bien. No toma nada. Sólo tiene preventivos de puff por el cambio de clima, pero medicación, ninguna. Teníamos como meta llegar al año con 8 kilos. No sabíamos si lo lográbamos porque salimos de la clínica en octubre con 3,800. Ahora lo teníamos que preparar para el primer invierno fuera de un centro de salud. Por suerte, llegamos con 9,5 kilos, y sin usar el botón gástrico, aunque lo tiene colocado. Come todo por boca”.
Sol sabe, por las dudas, usar el botón gástrico y el tubo de oxígeno que, por falencias de la obra social Prevención Salud, les prestaron en la clínica. “No tengo más que palabras de agradecimiento hacia los médicos de la clínica”, afirmó.
Sol y Darío son querellantes en la causa del fentanilo contaminado. “Primero ni siquiera confiaba en las abuelas, si lo iban a cuidar. Sentía que nadie lo iba a cuidar como yo. Encima hizo dos espasmos de sollozo. Lo primero que hice fue colocarle el oxígeno. Fue un minuto y enseguida recuperó el color. Gracias a Dios tuve cabeza firme”, recordó.
En la visita al pediatra, análisis mediante, el médico les dijo que “el fentanilo puede generar tres tipos de secuelas: en el corazón, pulmonares y neurológicas. Por suerte no tiene ninguna”. Además, desde el Cuerpo Médico Forense de Buenos Aires verificaron su estado: “Nos dijeron que tenemos que estar orgullosos. Tiene el peso y los logros de un bebé de un año, algo que no esperaban para haber empezado con los estímulos tan tardíamente”.
“Ahora estoy muy tranquila, pero a la vez cansa mucho. Tu vida, literal, es recibir médicos mientras ordenás la casa y cocinás”, concluyó Sol.
