Analistas educativos registran un preocupante aumento del ausentismo escolar en todos los niveles sociales, lo que refleja una crisis profunda en la institución escolar.
Los analistas de la educación han comenzado a registrar un dato que da cuenta de la profundidad de la crisis que está atravesando la red de instituciones escolares. No solo la rutina del trabajo pedagógico se ve alterada por la alta rotación de docentes y directivos, la suspensión de clases por huelgas, irrupciones de la naturaleza como lluvias o tormentas, los problemas de infraestructura o interpretaciones del calendario que disminuyen el tiempo de actividades, sino que además los alumnos no van, faltan con una frecuencia incompatible con el aprendizaje.
Es un dato que atraviesa todos los niveles de la educación y se hace presente en las instituciones que atienden a alumnos provenientes de los diferentes estratos de la estructura social. Los niños y jóvenes no quieren ir a la escuela y sus padres no impiden que ejerzan su voluntad. Hay muchas explicaciones en el aire. La más frecuente es que los chicos hacen lo que quieren y a los padres no les importa o están sometidos a los deseos de sus hijos.
A raíz de esta situación, las autoridades han comenzado a restringir los permisos de inasistencia para tratar, de ese modo, de sostener la población escolar dentro de la institución. Esto está acompañado por la prohibición de los celulares, la condena de las redes y del uso de las pantallas. Las nuevas tecnologías se han convertido en los verdugos de las nuevas generaciones.
La hipótesis principal es que la escuela ya no es valorada por la sociedad. Ha dejado de ser, en la estima general de padres y alumnos, un espacio capaz de proveer los instrumentos que se requieren para desempeñarse en la vida. O tal vez lo que pasa es que se piensa que en la rutina diaria escolar no pasa nada de interés, nada significativo, nada que no se pueda aprender por otros medios o en otro momento.
Así como la modernidad creó la escuela y la constituyó en su tecnología de transmisión cultural, la era digital ya ha generado la propia, que es internet y la inteligencia artificial. A diferencia de la escuela, la tecnología actual no porta el propósito de generar una distribución equitativa de saberes y habilidades, de modo que sigue siendo la escuela la que mantiene el monopolio de esa posibilidad. Si logramos una transformación escolar que haga del aula un espacio de interés para los alumnos, tal vez podamos recuperar aquello a lo que no podemos renunciar: que todos los chicos tengan la oportunidad de apropiarse de los saberes y habilidades necesarios para construir el futuro.
