El Jardín de Cactus, en el municipio de Teguise, Lanzarote, fue declarado Bien de Interés Cultural. La obra, concebida por el artista César Manrique, transformó una antigua cantera de arena volcánica y vertedero en un jardín botánico.
Entre los paisajes de Canarias, el Jardín de Cactus de Lanzarote se presenta como un ejemplo de recuperación ambiental. Ubicado en el norte de la isla, dentro del municipio de Teguise, este espacio fue originalmente una cantera de extracción de arena volcánica, convertida después en vertedero. Actualmente, gracias a la intervención del artista César Manrique, la antigua depresión se ha transformado en un jardín declarado Bien de Interés Cultural.
El contraste entre el entorno árido y la vegetación que alberga el jardín es observable. Lanzarote, marcada por su actividad volcánica, ofrece aquí un escenario donde la piedra negra y ocre es soporte de miles de cactus y suculentas. El visitante encuentra un espacio botánico que desafía las ideas tradicionales sobre lo que puede ser un jardín.
Ubicado en la localidad de Guatiza, el jardín ocupa la última gran obra de Manrique y resume su concepto de integración entre la intervención humana y el entorno natural. En este espacio, la huella industrial y agrícola de Lanzarote se convierte en un atractivo turístico.
Transformación y diseño del Jardín de Cactus
La historia del Jardín de Cactus comienza en una rofera abandonada, una cantera donde se extraía arena volcánica utilizada para la agricultura local. Durante años, este hueco fue también un vertedero, hasta que Manrique imaginó su transformación. Tras casi dos décadas de trabajo y planificación, el artista logró crear una obra que fusiona arquitectura, escultura y botánica, convirtiendo la cantera en un anfiteatro vegetal.
Predomina el uso de la piedra volcánica, con monolitos basálticos que emergen entre la vegetación. Las terrazas escalonadas y los muros de piedra dibujan una estructura que recuerda a un anfiteatro romano. Esta intervención recupera un espacio deteriorado y lo convierte en una experiencia estética.
El Jardín de Cactus es un ejemplo de cómo la rehabilitación de espacios industriales puede convertirse en un atractivo turístico. La experiencia de recorrer sus senderos permite descubrir perspectivas cambiantes del conjunto.
Recorrido, colección botánica y legado
Al cruzar el pórtico de entrada, el visitante se encuentra ante una depresión circular repleta de cactus y plantas suculentas procedentes de los cinco continentes. La colección incluye miles de ejemplares de centenares de especies, desde cactus columnares de varios metros de altura hasta variedades en miniatura y tuneras asociadas a la historia agrícola de la isla. Durante la floración, el jardín se llena de colores intensos que contrastan con el negro y ocre de la piedra volcánica.
El recorrido puede realizarse libremente por distintos senderos que permiten contemplar el conjunto desde múltiples ángulos. Un estanque aporta frescor, mientras que en cada rincón surgen nuevas combinaciones vegetales. Entre los elementos patrimoniales destaca un molino de viento restaurado, de principios del siglo XIX, situado en la parte más alta del jardín. Este molino se utiliza todavía hoy para producir gofio, alimento tradicional canario.
La presencia de extensas plantaciones de tuneras evoca la importancia histórica de la cochinilla, un insecto utilizado durante siglos para obtener carmín natural. El jardín rinde homenaje a esta actividad económica que marcó la vida de Lanzarote en los siglos XVIII y XIX, integrando el legado agrícola y cultural de la isla en la propuesta paisajística.
