El rey Carlos III del Reino Unido será el primer monarca británico en revelar públicamente la cantidad total de impuestos que paga sobre sus ingresos personales, según informó el Palacio de Buckingham. La información se incluirá en el informe anual de cuentas financieras de la Casa Real, previsto para el 25 de junio de 2025.
La monarquía británica iniciará una nueva etapa en materia de transparencia financiera. Carlos III ha decidido revelar públicamente la cantidad total de impuestos que paga sobre sus ingresos personales, convirtiéndose en el primer soberano del Reino Unido de la época moderna en exponer de forma oficial sus obligaciones fiscales.
La información se conocerá dentro del informe anual de las cuentas financieras de la Casa Real, un documento que verá la luz el próximo 25 de junio y que incluirá por primera vez el montante de los tributos abonados por el monarca durante el ejercicio económico 2024-2025. Desde el Palacio de Buckingham aclararon que esta medida no responde a una exigencia del Gobierno ni a una obligación legal, sino a una decisión tomada personalmente por el rey como parte del proceso de renovación institucional que quiere impulsar desde su llegada al trono.
“En pocas palabras, seguimos modernizándonos y evolucionando”, explicó un portavoz de Buckingham a la BBC, quien destacó que el objetivo es lograr una mayor claridad sobre el funcionamiento económico de la institución y acercar las finanzas reales a la ciudadanía.
La decisión del soberano supone un giro dentro de una institución que durante siglos ha protegido con hermetismo sus asuntos económicos. Aunque los monarcas británicos cuentan con amplias exenciones fiscales y no están obligados legalmente a pagar impuestos como el de la renta, sucesiones o ganancias de capital, la familia real ha ido adaptándose progresivamente a las demandas sociales de una mayor rendición de cuentas.
Carlos III ya había demostrado esta voluntad de transparencia en el pasado. Durante su etapa como príncipe de Gales, hizo públicos los impuestos que abonaba por los ingresos derivados del Ducado de Cornualles. Sin embargo, cuando su hijo, el príncipe Guillermo, heredó este patrimonio tras la muerte de Isabel II y la proclamación de Carlos como rey, decidió mantener en privado la cantidad exacta que entrega al fisco.
Esta diferencia de criterio ha generado debate en el Reino Unido y algunos expertos consideran que la nueva decisión de Carlos podría aumentar la presión sobre el heredero al trono para que adopte una política similar. El periodista especializado en la realeza David Dimbleby definió en The Mirror a Guillermo como una figura “reservada” en lo relativo a sus finanzas y señaló que, a diferencia de su padre, el príncipe no ha querido revelar públicamente sus contribuciones fiscales.
Entre los datos más relevantes que aparecerán en el informe destaca la tributación vinculada al Ducado de Lancaster, el patrimonio privado que proporciona gran parte de los ingresos personales del monarca. Esta extensa cartera incluye terrenos, explotaciones agrícolas, inversiones y numerosos inmuebles comerciales situados tanto en Londres como en diferentes regiones de Inglaterra. Durante el último ejercicio, los beneficios obtenidos a través del Ducado alcanzaron cerca de 26,8 millones de libras esterlinas, una cifra que representa una parte esencial de la riqueza personal del rey. Carlos III, de forma voluntaria, aplica sobre estos ingresos el tipo impositivo máximo del Reino Unido, situado en el 45%.
El informe también recogerá los impuestos derivados de otras propiedades privadas de la familia, como las residencias de Sandringham y Balmoral, así como los rendimientos procedentes de inversiones y otros activos personales del soberano.
Aunque este paso es novedoso, no es la primera vez que la Corona británica modifica sus prácticas financieras debido a la presión pública. En 1993, la reina Isabel II decidió comenzar a pagar voluntariamente el impuesto sobre la renta y las ganancias de capital tras el llamado annus horribilis de 1992, marcado por los problemas familiares de la Casa Real y el devastador incendio del castillo de Windsor. Aquel gesto permitió mejorar la imagen de una institución que atravesaba uno de sus momentos más delicados. Ahora, décadas después, Carlos III vuelve a apostar por un cambio de calado en un contexto en el que las cuentas de los Windsor se encuentran bajo un fuerte examen público.
Parte de esa presión se ha intensificado por las polémicas relacionadas con el expríncipe Andrés y las constantes preguntas sobre la utilización de los recursos vinculados a la familia real. Además, recientemente se han publicado informaciones sobre las residencias utilizadas por las princesas Beatriz y Eugenia de York, quienes no desempeñan funciones oficiales, lo que ha reavivado el debate sobre los privilegios dentro de la institución. Desde Buckingham insistieron en que los fondos públicos ya están sometidos a supervisión parlamentaria, pero consideran que la publicación de los impuestos personales del monarca contribuirá a reforzar la confianza ciudadana.
