miércoles, 1 julio, 2026

Diabetes: los medicamentos para la hipertensión pueden acelerar la enfermedad renal

Un estudio presentado en el Congreso de la European Renal Association analizó la relación entre ciertos antihipertensivos y el riesgo de daño renal en pacientes con diabetes tipo 2.

La diabetes tipo 2 y la hipertensión suelen avanzar juntas. Cuando la presión arterial no está bien controlada, los vasos sanguíneos del riñón sufren más y la enfermedad renal diabética puede progresar con mayor rapidez. Por eso, tratar la presión es una parte central del cuidado. El punto delicado es elegir qué medicamento agregar cuando las terapias principales no alcanzan.

Un estudio presentado en el 63º Congreso de la European Renal Association analizó a adultos con diabetes tipo 2 que ya recibían inhibidores del sistema renina-angiotensina y fármacos SGLT2, dos familias con protección renal establecida. La pregunta fue qué pasaba cuando, además, tomaban bloqueadores de los canales de calcio dihidropiridínicos, conocidos como DCCB.

Qué encontró el estudio sobre diabetes, presión alta y riñón

Los investigadores analizaron datos de más de 31.000 adultos tratados entre 2016 y 2021. Tras un seguimiento mediano de unos 3,5 años, observaron que quienes recibían DCCB presentaban un 33% más de riesgo de eventos renales adversos mayores frente a quienes tomaban otros antihipertensivos. El desenlace incluía caída importante de la función renal o progresión a enfermedad renal terminal con diálisis o trasplante.

El hallazgo es importante porque estos medicamentos son muy usados como segunda o tercera línea para controlar la presión. Sin embargo, la lectura debe ser prudente: el trabajo fue observacional y presentado en congreso; según Medical News Today, los resultados todavía no habían aparecido en una revista revisada por pares al momento de la publicación.

La posible explicación está en la hemodinámica renal. Los DCCB pueden dilatar de forma preferente los vasos que llevan sangre hacia las unidades de filtrado del riñón. En algunos pacientes, eso podría aumentar la presión dentro del glomérulo y contribuir al daño, incluso cuando la presión arterial general parece controlada.

Pero no alcanza para cambiar tratamientos por cuenta propia. Especialistas citados por Medical News Today subrayaron que puede haber factores de confusión y que se necesitan estudios prospectivos o ensayos aleatorizados para confirmar la relación. También remarcaron que los pacientes no deberían suspender ni modificar medicación sin consultar a su médico.

El estudio no dice que todos los medicamentos para la presión sean peligrosos en diabetes. Dice algo más específico: en personas con diabetes tipo 2 y enfermedad renal, la elección del fármaco adicional podría importar más de lo que se pensaba.

La presión alta debe tratarse. La pregunta científica que se abre ahora es con qué combinación se protege mejor al riñón en pacientes que ya reciben las terapias modernas de base.

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