Un sacerdote que habló bajo anonimato con ACI Prensa describió la situación de la Iglesia en Nicaragua, con control policial, prohibiciones y fragmentación pastoral.
Un sacerdote que habló el 3 de julio con ACI Prensa bajo condición de anonimato describió la situación de la Iglesia en Nicaragua. Según su testimonio, la Iglesia sostiene la fe de los fieles desde “las catacumbas de la prudencia”, en medio de lo que calificó como persecución estatal tras la segunda detención del obispo emérito de Estelí, Mons. Abelardo Mata.
De acuerdo con una fuente cercana a la Iglesia consultada por el medio, el obispo “no estaría en casa por cárcel y no se sabe dónde está”, porque no habría regresado a su residencia.
El presbítero explicó que el silencio que puede percibirse desde el exterior no responde a indiferencia ni a temor paralizante, sino que se trata de “un silencio de prudencia, de profunda responsabilidad pastoral”. Afirmó que el gobierno ha relegado la fe al ámbito privado y al espacio “intramuros” de las iglesias, y recordó que varios obispos están exiliados. Sumó a ese panorama la falta de obispos en sedes como Estelí, Jinotega, Matagalpa y Siuna. Según su testimonio, esa ausencia golpea de forma directa a la Iglesia y a la comunidad porque complica la administración, el acompañamiento y la cohesión eclesial. En esas sedes, añadió, el gobierno también ha prohibido desde hace algún tiempo la ordenación de sacerdotes y diáconos.
“Caminamos entonces, pero con el peso de la fragmentación y vivimos también en una constante incertidumbre”, señaló el religioso.
El sacerdote respondió además a la pregunta central que atraviesa la crisis: por qué la Iglesia habla poco en público. Explicó que obispos y sacerdotes que siguen en el país deben actuar “de manera sigilosa, con un sigilo extremo” para no cruzar “esa línea invisible” que pueda derivar en una acusación de sublevación y les impida seguir acompañando a la población. Sostuvo que la vigilancia es continua: “Decimos aquí que ‘hasta las paredes oyen’. Y esto ha fragmentado incluso la comunicación interna, sembrando muchas veces desconfianza, algo casi lógico en un entorno donde el control es la norma”.
Ese control se expresa, según el relato recogido por la publicación, en el asedio policial a sacerdotes, en la toma de fotografías y en la exigencia de informar cada salida de las parroquias o cualquier movimiento fuera de su territorio. Mencionar un problema social en las homilías, indicó, puede exponerlos a la cárcel o al destierro.
En ese marco, el presbítero rechazó que la discreción equivalga a rendición: “La Iglesia en Nicaragua no ha desaparecido. No, no se ha rendido. Está resistiendo. Estamos resistiendo en el silencio”. La fórmula con la que describió esa resistencia fue: “Estamos sosteniendo la fe de la gente desde las catacumbas de la prudencia, esperando tiempos de mayor libertad”.
El sacerdote también dijo que entiende el silencio del Vaticano. Señaló que la comunión eclesial no depende solo de comunicados públicos y que existen oraciones y gestos diplomáticos discretos. “No nos sentimos solos”, aseguró. “Cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con él. No nos sentimos solos. Por eso sabemos que la Iglesia sufre con nosotros”. Frente a quienes cuestionan la falta de pronunciamientos más visibles, respondió que desde dentro están protegiendo la labor pastoral “sobre el terreno” para que el pueblo de Dios no quede abandonado. Cerró con una expectativa concreta: poder vivir la fe en libertad, aunque sostuvo que, por ahora, esa no es la realidad que enfrenta el país.
