viernes, 24 julio, 2026

Tragedia en el Love Parade de Duisburgo: 21 muertos por aplastamiento en un túnel de acceso

El 24 de julio de 2010, 21 personas murieron aplastadas en el festival Love Parade en Duisburgo, Alemania. Advertencias previas sobre la inadecuación del predio fueron ignoradas.

El jefe de bomberos de Duisburgo, Alemania, había advertido por escrito, con meses de anticipación, que el predio elegido para el festival Love Parade era «físicamente inadecuado» para un evento de esa magnitud. La advertencia fue ignorada aquel 24 de julio de 2010. Ese día murieron 21 personas aplastadas en un túnel.

Según una investigación del semanario alemán Der Spiegel, entre doce y trece inspecciones previas al evento concluyeron que el plan derivaría en caos y víctimas. «Cada vez que íbamos acordábamos que el plan iba a resultar en caos, que la gente iba a resultar herida y muerta», declaró al diario alemán Express un oficial de policía de Colonia que inspeccionó el sitio. La respuesta de la administración local fue siempre la misma: el festival debía realizarse.

El Love Parade se celebró por primera vez en Berlín en 1989. Durante la segunda mitad de los años 90 se convirtió en uno de los festivales de música electrónica más grandes del mundo. Con el paso de los años el evento migró de Berlín a otras ciudades alemanas. En 2010 le tocó el turno a Duisburgo. La ciudad, en la región del Ruhr, eligió como sede una antigua estación de carga ferroviaria. El predio medía 230.000 metros cuadrados, pero la mitad correspondía a edificaciones. El acceso al recinto se hacía por un único túnel, que era al mismo tiempo la entrada y la salida del evento.

El 24 de julio de 2010, con cientos de miles de personas intentando ingresar, el túnel se convirtió en una trampa mortal. La avalancha humana mató a 21 personas y dejó más de 650 heridas. Las víctimas fueron de distintas nacionalidades: alemanas, españolas, holandesas, australianas, italianas y chinas.

El organizador del festival, Rainer Schaller, atribuyó la catástrofe a una «orden fatal» de la policía. La policía de Colonia rechazó las acusaciones y pidió no especular. Las fallas de comunicación agravaron todo. Las radios analógicas de policías y bomberos eran tan antiguas que era imposible conseguir repuestos. En zonas del operativo los agentes se quedaban sin señal. La red de telefonía móvil también colapsó ese día.

Uno de los 1.080 acomodadores del evento declaró al diario alemán Bild: «Todo el mundo esperaba órdenes pero ninguna llegó. De repente había cuerpos por todos lados. Las salidas de emergencia en la parte superior de la rampa fueron abiertas por la policía cuando ya era demasiado tarde».

Las estimaciones sobre la cantidad de asistentes fueron contradictorias. El vocero de la policía de Duisburgo, Ramon van der Maat, calculó entre 300.000 y 400.000 personas en total durante todo el sábado. Schaller habló de 187.000 visitantes en el recinto. El ministro del Interior de Renania del Norte-Westfalia mencionó 350.000 personas en la ciudad y 120.000 en el predio.

El jefe de bomberos de Duisburgo había enviado una carta al alcalde Adolf Sauerland en octubre de 2009 advirtiendo que el predio era inadecuado para el evento. Michael Böcker, presidente del sindicato de bomberos de Renania del Norte-Westfalia, declaró a Der Spiegel: «Las normativas sobre sitios de reunión masiva fueron ignoradas de forma criminal. Los que firmaron la autorización son los responsables».

El portal DerWesten.de publicó las actas de una reunión del 18 de junio de 2010 entre los organizadores, bomberos, el departamento de salud y seguridad, y el funcionario municipal Wolfgang Rabe. En esa reunión se discutieron las rutas de evacuación y Rabe dejó en claro, según las actas, que «el alcalde quiere que el evento se realice y que hay que encontrar una solución». Las objeciones del departamento de planificación edilicia no fueron aceptadas.

El alcalde Sauerland declaró al diario alemán Rheinische Post: «No tengo conocimiento de ninguna advertencia». El documento oficial de la ciudad de Duisburgo autorizaba un máximo de 250.000 personas en el predio. El festival siguió adelante.

El alcalde Sauerland no asistió al acto de homenaje a las víctimas realizado días después de la tragedia. Su vocero explicó que el intendente no quería «herir los sentimientos de los familiares ni provocarlos con su presencia». A la ceremonia sí concurrieron el presidente alemán Christian Wulff y la canciller Angela Merkel. La gobernadora de Renania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft, cuyo hijo de 17 años había asistido al festival sin sufrir daños, tomó la palabra entre lágrimas: «Hay demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. ¿Cómo pudo pasar esto, quién tiene la culpa y quién es el responsable? Esas son preguntas que debemos responder».

El alcalde resistió durante meses los pedidos de renuncia. Sauerland había sido elegido por primera vez en 2004 y reelecto en 2009 como candidato de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Tras la tragedia, con excepción de su propio partido, todos los bloques del concejo municipal apoyaron una moción de censura. En octubre de 2011 una iniciativa ciudadana juntó casi 80.000 firmas para forzar un referéndum de destitución. El 12 de febrero de 2012, 129.833 vecinos de Duisburgo votaron a favor de cesar a Sauerland, contra 21.557 que querían que continuara. Sauerland dejó el cargo.

La fiscalía de Duisburgo tardó más de tres años y medio en formalizar cargos. En febrero de 2014, el fiscal Horst Bien anunció que se acusaba formalmente a 10 personas por homicidio imprudente y lesiones imprudentes: cuatro responsables de Lopavent, la empresa organizadora del festival, y seis funcionarios de la administración municipal. Ni Schaller ni Sauerland figuraron entre los acusados. Todos los imputados negaron los cargos.

El proceso fue largo. Se interrogó a casi 4.000 testigos presenciales y se analizaron alrededor de 1.000 videos grabados durante la tragedia. El 4 de mayo de 2020, tras 184 sesiones, la Audiencia Provincial de Duisburgo suspendió el proceso contra los tres acusados que quedaban bajo investigación, al considerar que no había «indicios concretos» de que hubieran actuado de forma deliberada. La fiscalía también apoyó la suspensión. El caso se cerró sin responsables penales.

Muchas de las víctimas no recibieron las indemnizaciones que se les habían prometido en 2011. El predio de la antigua estación de carga, abandonado desde 2010, aguarda la construcción de un nuevo barrio. La Fundación Duisburgo 24.7.2010, creada para sostener a las familias afectadas, celebró en julio de 2025 su último acto conmemorativo antes de disolverse, conforme a sus estatutos, tras diez años de actividad.

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