El clásico entre San Lorenzo y Huracán del 19 de diciembre de 1997 fue suspendido a los 22 minutos tras el asesinato de un hincha de Huracán. El hecho ocurrió en las inmediaciones del Nuevo Gasómetro y dejó un saldo de 134 detenidos. La causa judicial no registró condenados.
El clásico entre San Lorenzo y Huracán, disputado el 19 de diciembre de 1997 en el Nuevo Gasómetro, fue suspendido a los 22 minutos del primer tiempo tras el asesinato de un hincha de Huracán en las inmediaciones del estadio. El encuentro correspondía a una fecha del torneo de Primera División y no se reanudó.
Según crónicas de la época, cerca de las 18 horas, un grupo de simpatizantes de Huracán fue atacado por hinchas de San Lorenzo en las cercanías de la avenida Francisco Fernández de la Cruz y Perito Moreno. Los agresores utilizaron piedras y armas de fuego. En el enfrentamiento, Ulises Fernández, de 27 años, recibió un disparo en la cabeza.
Fernández fue trasladado al Hospital Penna, donde ingresó sin vida. Mientras continuaban los disturbios, el cuerpo quedó tendido en la vía pública. La policía detuvo a 134 personas.
El partido comenzó pese a los incidentes externos. Dentro del estadio, hinchas de Huracán provocaron destrozos y, al difundirse la noticia del fallecimiento, los disturbios se intensificaron. El árbitro suspendió el encuentro a los 22 minutos. La policía utilizó gases lacrimógenos y los bomberos colaboraron con chorros de agua para dispersar a los presentes.
La AFA determinó que ambos clubes perdieran los puntos, por lo que el partido figura en el historial como un duelo perdido para San Lorenzo y Huracán.
En cuanto a la investigación, la Policía informó que un presunto autor del homicidio fue identificado a partir de imágenes tomadas desde un helicóptero y testimonios. Sin embargo, en 1998 los sospechosos fueron sobreseídos y el expediente quedó archivado, sin condenados.
La dirigencia de San Lorenzo sostuvo inicialmente que la muerte se produjo en un enfrentamiento entre hinchas de Huracán, mientras que la dirigencia de Huracán atribuyó la responsabilidad a simpatizantes del club local. No hubo una sentencia judicial que estableciera quién disparó contra Fernández.
Los restos de Fernández fueron velados al día siguiente. Según informó La Nación, existía un pedido para esparcir sus cenizas en el estadio de Huracán, de acuerdo con su deseo.
