El país asiático refuerza su posición como socio comercial del Sur Global mientras profundiza su rivalidad con Estados Unidos en tecnología, comercio y liderazgo internacional.
China presenta su condición de país en desarrollo y su alianza con el Grupo de los 77, que reúne a 134 naciones de África, Asia, América Latina y el Caribe, como parte de su estrategia de liderazgo en el Sur Global. Sin embargo, analistas consultados por Project Syndicate cuestionan si ese liderazgo busca modificar el orden internacional o consolidar su propio poder en un contexto de retirada relativa de Estados Unidos.
En 1820, la China de la dinastía Qing era la mayor economía mundial, con casi un tercio del PIB global en paridad de poder adquisitivo. Tras el denominado siglo de la humillación y la ocupación de gran parte de su territorio por potencias occidentales y Japón, la economía estadounidense creció hasta convertirse en la mayor del mundo en 1903. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos consolidó su hegemonía con la creación de Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, antecedente de la Organización Mundial del Comercio.
En 1978, Deng Xiaoping impulsó reformas económicas que permitieron a China convertirse en la segunda economía mundial en 2010. Para 2024, la producción manufacturera china alcanzó más del 30% del total global, mientras que la de Estados Unidos descendió al 15%, frente al 50% que representaba en 1945.
La guerra comercial comenzó en 2018 cuando Estados Unidos impuso aranceles a productos chinos y dejó al Órgano de Apelación de la OMC sin quórum. El superávit comercial chino con Estados Unidos cayó de 400.000 millones de dólares en 2018 a unos 200.000 millones en 2025, aunque parte de las exportaciones chinas continúa llegando a través de terceros países como México y Canadá. China aceleró su giro hacia la autosuficiencia en tecnologías críticas, como semiconductores, y utilizó su dominio en tierras raras.
El presidente chino, Xi Jinping, declaró en 2021 que “Oriente está en ascenso y Occidente en declive”. A pesar de su deuda pública superior a 40 billones de dólares y de representar el 4% de la población global, Estados Unidos sigue siendo la mayor economía del mundo con un PIB nominal cercano a 32 billones de dólares. El dólar conserva su dominio en los pagos internacionales.
Estados Unidos mantiene unos 165.000 militares desplegados en 178 países, alberga 35 de las 100 mejores universidades del mundo y sigue siendo el principal destino migratorio. El 55% de las startups estadounidenses valoradas en miles de millones de dólares tiene al menos un fundador nacido en el extranjero. China, en contraste, es una sociedad homogénea y cerrada.
La disputa por la supremacía en inteligencia artificial concentra el 90% de la potencia informática de vanguardia mundial. China incrementó su gasto en investigación y desarrollo, que superó al de Estados Unidos en 2024, y sus académicos publicaron en 2025 una cantidad de artículos equivalente a la de los investigadores estadounidenses, británicos, alemanes y japoneses juntos.
En el Sur Global, las exportaciones textiles chinas generaron pérdida de empleos en África, y los acuerdos de libre comercio con Chile y Perú fueron criticados por su carácter extractivo. China mostró reticencia a transferir tecnología limpia al Sur Global. En la cumbre bilateral de mayo, funcionarios chinos buscaron el reconocimiento estadounidense de su estatus de superpotencia. Ante las intervenciones de Estados Unidos en Venezuela y los ataques contra Irán, China mantuvo una respuesta discreta, priorizando evitar una confrontación militar directa.
China no vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los ataques de Irán contra países del Golfo. Estados Unidos, por su parte, vetó al menos 53 resoluciones críticas con Israel desde 1972. Diplomáticos africanos y jamaiquinos informaron que China amenazó con recortar ayuda a Zambia y Jamaica para lograr la destitución de sus representantes ante la ONU que apoyaban reformas del Consejo de Seguridad.
El Sur Global busca emular aspectos del auge chino, como la innovación tecnológica y la reducción de la pobreza extrema de casi 800 millones de personas. No obstante, China se presenta como una superpotencia defensora del statu quo, enfocada en la represión interna de la disidencia y en la protección de sus intereses en el extranjero.
