Un lector plantea que Argentina cuenta con recursos abundantes pero no logra convertirlos en bienestar general, mientras otras cartas abordan la realidad económica cotidiana, la publicidad de futbolistas y el costo del ajuste.
El lector Eduardo D. Olivera envió una carta a este medio en la que sostiene que Argentina posee recursos extraordinarios en tierras fértiles, energía, minerales, agua, agricultura, ganadería, industria, tecnología y potencial humano, pero que no logra transformar esa riqueza en bienestar general.
Olivera afirmó que el problema no es solo político, sino que también existe una responsabilidad empresarial cuando sectores concentrados utilizan su poder para limitar la competencia, producir menos y sostener precios elevados. Aclaró que no se refiere a todos los empresarios, sino a quienes privilegian la renta obtenida por su posición antes que la inversión, la producción y el crecimiento.
En su carta, el lector señaló que la macroeconomía muestra avances importantes, como el descenso de la inflación y la apertura de la economía al mundo, pero que falta que esa estabilidad llegue a la microeconomía. Propuso que la salida no es repartir una torta cada vez más pequeña, sino producir una mucho más grande, ya que más producción genera más oferta, más oferta y competencia pueden bajar precios, más consumo impulsa nuevas inversiones y estas generan empleo y mejores salarios.
Olivera concluyó que se necesitan reglas que hagan más rentable producir, invertir y competir que aprovechar privilegios, y que a Argentina no le falta riqueza sino convertirla en producción, trabajo y bienestar.
En otra carta, la lectora Susana Mastronardi expresó que, aunque los shoppings estén abarrotados o los teatros tengan localidades agotadas, eso no es el común denominador del pueblo. Sostuvo que la realidad se vive desde cada lugar, con trabajo o sin él, alquilando o con casa propia, esperando el tren o andando en bicicleta. Afirmó que la economía habla por sí sola, con gente endeudada, con mediados de mes que se hacen eternos, con compras postergadas y con angustia por el porvenir. Señaló que las últimas generaciones vienen sufriendo demasiado y no ven un camino donde tengan cabida, y que parece que no son parte del cambio, que es solo para un grupo de la Argentina.
El lector Salvador D’Aquila envió una carta en la que felicita al dibujante Erlich por su tira diaria, en la que denuncia a los “ídolos” del fútbol por su afán de protagonismo y codicia en publicidades donde recomiendan productos que, según él, no consumen y que no son saludables. D’Aquila sostuvo que las agencias se valen de la admiración que se les profesa a los jugadores y que estos parecen encantados de ser utilizados como carnada para influir en sus seguidores. Consideró que inducir al juego y al consumo de comida chatarra es grave, y que hacerlo sabiendo que los siguen niños y jóvenes es una estafa moral e imperdonable.
Finalmente, el lector Sebastián Perasso Jauregui escribió que si alguien creía que 80 años de despilfarro e inmoralidad se iban a solucionar de un día para el otro, estaba equivocado. Sostuvo que cambiar la matriz productiva y abrir la economía al mundo tiene un costo, pero es el único camino posible para crecer. Afirmó que hay que eliminar cualquier vestigio de populismo y que las fórmulas mágicas no existen.
