sábado, 5 septiembre, 2026

El centro político busca espacio frente a la polarización

Dirigentes de distintos espacios coincidieron en un foro en la Ciudad de Buenos Aires para debatir sobre gobernanza y tecnología, en un contexto de búsqueda de alternativas electorales por fuera de los extremos.

La confluencia de dirigentes moderados en una conferencia sobre gobernanza comunal en la Usina del Arte del barrio de la Boca, convocada por el gobierno de Jorge Macri, fue un ensayo de demostración de la hipótesis de que existe un electorado que buscaría apoyarse en proyectos y figuras que escapen a los extremos de la polarización.

El sistema político argentino ha mutado desde 1983. En la elección de Alfonsín-Luder, la mayoría del electorado se expresó según un esquema bipartidista. Esa bipolaridad se repitió en 1989, articulada en dos frentes que representaron candidatos del peronismo y del radicalismo. A mediados de la década de los ’90 apareció una opción de centro que encarnaron divergentes del peronismo y el no peronismo: el FrePaSo, que obtuvo 5 millones de votos para la fórmula presidencial de Bordón-Chacho en 1995.

En el siglo XXI, la confrontación se articuló en lo que Jesús Rodríguez llamó el bicoalicionismo imperfecto, y que Jorge Capitanich describió como una dualidad de coaliciones opositoras, flexibles y dinámicas. Este bicoalicionismo puso a prueba la capacidad de sus dirigentes y la fidelidad de sus electorados en 2023. El ballotage de ese año resultó en la presidencia de Javier Milei, pero no pulverizó a los bloques de las dos familias políticas, que repitieron su fidelidad en 2025: 41% el no peronismo y 34% el peronismo.

La estrategia de Axel Kicillof

En la familia del peronismo, esa presunción alimenta la táctica de Axel Kicillof. Se mantiene lejos del cristinismo extremo. Cree que divide al peronismo y le pone un techo a su crecimiento y a sus alianzas, para ser competitivo en unas elecciones presidenciales con ballotage. Especula con compensar la pérdida de adhesiones por apartarse de Cristina Fernández de Kirchner, con la suma de sectores del peronismo e independientes que no votarían ni a Cristina ni a sus socios, pero tampoco migrarían hacia la centro derecha. Se mantiene lejos de Cristina, aun a riesgo de transmitir la idea de que le tiene miedo.

Amagó con un tuit de cortesía el martes reivindicando a Cristina a los 4 años del ataque que sufrió. Ese día su adversario Máximo Kirchner reunió en la esquina de la expresidenta una manifestación para leer la declaración de una multipartidaria opositora, que promovió la cristinista Fernanda Raverta, hoy senadora provincial y antes titular del ANSES durante la gestión de Alberto Fernández. Kicillof no firmó esa declaración. Sabe que el público que busca huye del lema “Cristina libre”.

La posición de Sergio Massa

Esta apuesta de Kicillof por el cisma arriesga una división del peronismo. Prefiere que se mantengan las primarias PASO, para demostrar que le puede ganar a Cristina o a los candidatos del cristinismo, seguramente un Sergio Massa que obtuvo 44 puntos en el ballotage de 2023. Por eso Axel frunció el ceño al saber que una diputada de Sergio votó en el Chaco por la suspensión de las PASO locales. Esa votación quebró el empate 16 a 16 de la legislatura y favoreció el proyecto del radical Leandro Zdero, que le llevó esa medida a Diego Santilli. La diputada argumentó una orden de Massa, que éste negó cuando se lo reprocharon en la sede del cristinismo.

Alternativas en el centro derecha

Del centro hacia la derecha existe también una fracción significativa del voto que, si bien apoyó a Milei en 2023 y 2025 desde el PRO, la UCR y otros partidos, ahora busca otros candidatos que se corran de la polarización. Algunos ya ven a Victoria Villarruel en carrera, con la posibilidad de que saque alrededor de 5%. Si prospera la candidatura de Hernán Lacunza, tan ortodoxo como Milei en economía pero sin extravagancias, podría obtener un 10%. Con estas dos alternativas fracasaría la reelección de Milei, un presidente sin partido, sin funcionarios, sin gobernadores ni programa.

Un ensayo de convivencia

Ejemplo de la Argentina despolarizada fue también la conferencia de las ciudades inteligentes que organizó el gobierno de Jorge Macri. Más de 30 intendentes y 300 expertos de todo el país y de todas las banderías convivieron el miércoles lejos de las consignas de los polos. La cita abordó temas de inteligencia artificial y otras tecnologías. Entre los asistentes se encontraban Julio Alak, de La Plata y protocandidato a la gobernación, Leonel Chiarella, presidente de la UCR Nacional, y Soledad Martínez, vicepresidenta del PRO Nacional, a cargo por la ausencia de Mauricio Macri. También estaban el cordobesista Daniel Passerini y Santiago Passaglia, de San Nicolás.

Los Macri a dos puntas

En la Usina del Arte se distrajeron con enigmas tecnológicos, pero también hubo reuniones políticas. Jorge Macri había enviado el lunes a dos de sus funcionarios en una misión de la Fundación Pensar a una gira por Mendoza, con Silvia Lospennato y Facundo Quintana, acólitos de Mauricio. Esto marcó una novedad en las relaciones internas de la familia Macri, a quienes se supone distanciados. El discurso del jefe de gobierno ante los alcaldes de todo el país pareció un esfuerzo por mostrar una agenda propia de un proyecto presidencial. En lo nacional, Mauricio Macri lanza a Hernán Lacunza como candidato y por otro lado manda a Cristian Ritondo y a Fernando de Andreis a negociar con Santilli. En la ciudad, le indica al primo que negocie un ticket electoral para 2027.

El oficialismo pierde control legislativo

La incertidumbre crece cuando el gobierno muestra más debilidad en el control del escenario. El oficialismo no pudo citar a una sesión en el Senado para esta semana. En Diputados, la oposición espera reunir el quórum para sesionar sin el oficialismo y emplazar a la cámara para que resuelva proyectos cajoneados, como la prórroga de la emergencia de la discapacidad y la sanción de alguna norma que auxilie a los deudores financieros. El llamado tenía hasta este fin de semana 133 adhesiones, cuatro más sobre el quórum de 129.

La semana pasada fue escenario en el Senado de otra derrota del oficialismo, que no pudo dictaminar proyectos que considera claves. Tuvo problemas de quórum para reunir los tres plenarios de comisión. Uno debía resolver el dictamen final a la Ley de Empalme entre RIMI y el RIGI, idea del radical Eduardo Vischi. Los otros dos plenarios eran para el SuperRigi y la ley de bonos de carbono. En los dos primeros no hubo número para arrancar las sesiones ni firmar dictámenes, que quedaron en circulación y sujetos a modificaciones.

El gobierno no tiene forma de controlar los tiempos legislativos ni de retener los votos de los aliados. Victoria Villarruel no admite reemplazos en las comisiones que suplanten a los ausentes. Los aliados toman prevenciones para que les cumplan, por eso manejan sus votos a cambio de concesiones constantes. Sin ley Vischi no había SuperRigi. Los gobernadores conocen el precio de los apoyos cuando ven que baja la recaudación, efecto de la caída de la actividad, y en consecuencia los fondos de coparticipación.

La pérdida de liderazgos

Esto golpea al oficialismo porque la jefatura de Patricia Bullrich ya no puede asegurar los tiempos ni impedir que las iniciativas vayan perdiendo peso. La bisagra de este proceso de pérdida de control del Senado comenzó con la llamada ley de Inviolabilidad de la Propiedad, que perdió la mitad de sus artículos. La oposición les volteó el capítulo que liquidaba la Ley de Villas, el de venta a extranjeros en tierras de frontera y los cambios a la Ley de manejo del Fuego.

En esa batalla perdió lo que le quedaba del mejor momento de la anterior legislatura, la que acompañó a Milei entre 2023 y 2024. Entre esos años, Juan Carlos Romero en el Senado se puso al frente del interbloque de los 39, que desalojaron al cristinismo de la conducción del cuerpo. En Diputados, la tarea de Miguel Pichetto como eje de un interbloque bisagra permitió que el gobierno tuviera apoyos para salvar lo que quedó de la Ley de Bases y que la cámara no pulverizase el DNU 70.

Esos dos liderazgos se perdieron en 2025. Romero dejó el Senado y Patricia Bullrich asumió la coordinación del entendimiento en el no peronismo, que hoy no reúne los 37 votos necesarios para arrancar el debate sobre la reforma política con eliminación de las PASO. Actualmente el oficialismo se arriesga a un empate y que Villarruel les desempate en contra. En Diputados, el interbloque bisagra que arbitraba Pichetto no resistió el cambio legislativo de 2025. Provincias Unidas quedó al mando de una diputada del PRO y Juan Schiaretti declinó ejercer un liderazgo en la cámara. Pichetto quedó sin la fuerza que había construido desde 2023 y busca un lugar en la cúpula del peronismo.

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