En 2009, Jair Ferreira Ataíde detectó que un manantial en su propiedad rural de Jaguaré, Brasil, perdía fuerza. Tres años después de plantar 1.332 plántulas de 43 especies nativas, el agua se estabilizó y resistió una sequía que afectó a la región.
En 2009, Jair Ferreira Ataíde notó que un manantial en su propiedad rural de Jaguaré, en el norte de Espírito Santo, Brasil, comenzó a perder fuerza y a reducir la cantidad de agua que brotaba del terreno. El productor, dueño de una finca de aproximadamente 67 hectáreas dedicada principalmente al cultivo de café conilon, conocía el lugar desde hacía décadas y recordaba que antes había más árboles alrededor de la fuente de agua.
En esa región, el cultivo de café conilon depende de la disponibilidad de agua, por lo que el debilitamiento del manantial representaba un riesgo para la actividad agrícola. Ferreira Ataíde se sumó a un proyecto de recuperación ambiental que le permitió recibir plantas nativas y asistencia técnica para restaurar el área.
El trabajo consistió en recuperar la vegetación cercana al manantial. En la propiedad se plantaron 1.332 plantas de 43 especies nativas de la Mata Atlántica. El objetivo era recuperar la cobertura vegetal, mejorar las condiciones del suelo y proteger la zona donde surgía el agua. Durante aproximadamente tres años, el proyecto incluyó seguimiento y cuidados para favorecer el desarrollo de las plantas.
Entre las especies utilizadas había árboles con diferentes ritmos de crecimiento y funciones ecológicas. Con el tiempo, el jacarandá se convirtió en una de las especies más representativas de la transformación de la propiedad.
Según el relato de Ferreira Ataíde, después de unos tres años de recuperación de la vegetación y del suelo, el manantial comenzó a presentar un comportamiento más estable. La fuente de agua volvió a mantenerse activa. Cuando una fuerte sequía afectó la región, el manantial de Ferreira Ataíde continuó funcionando, lo que le permitió ayudar a algunos vecinos durante el período de mayor escasez.
La propiedad cuenta con cultivos de café, pasturas, eucaliptos y áreas de vegetación nativa. La disponibilidad de una fuente de agua estable resulta fundamental para sostener las actividades rurales. El caso no implica que plantar árboles garantice la recuperación de cualquier fuente de agua, ya que el comportamiento de un manantial depende de múltiples factores, como las características del suelo, las lluvias, el relieve y el manejo del terreno.
Hoy, Ferreira Ataíde tiene 63 años y continúa vinculado a la propiedad. La experiencia, que comenzó con una señal de alerta, se convirtió en un caso de recuperación ambiental dentro de una finca productiva.
