Los partidos SNP, Plaid Cymru y Sinn Féin acordaron un documento conjunto para desintegrar el Reino Unido y regresar a la Unión Europea. Downing Street rechaza autorizar nuevos referéndums.
Los líderes de los principales partidos independentistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaron un pacto en Cardiff con el objetivo de desintegrar el Reino Unido y avanzar hacia la reunificación de Irlanda. La alianza está integrada por el Partido Nacional Escocés (SNP), Plaid Cymru y Sinn Féin.
El documento conjunto afirma que «la era de Westminster está llegando a su fin». El líder escocés, John Swinney, declaró que el laborista Andy Burnham pasará a la historia como «el último primer ministro del Reino Unido».
Durante el fin de semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, visitó Dublín y respaldó el proyecto de una «Irlanda unida», invocando el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Analistas interpretaron esta declaración como una represalia contra Gran Bretaña por su negativa a colaborar en el conflicto con Irán.
Swinney fijó el año 2031 como plazo límite para un nuevo referéndum en Escocia, basándose en una encuesta de Survation que otorga un 52% de apoyo al «Sí» frente a un 48% al «No». El líder galés Rhun ap Iorwerth afirmó que los tiempos en Gales los determinará su población. La ministra principal norirlandesa, Michelle O’Neill, advirtió a Londres que «no podrá contener la marea» del cambio constitucional.
Un portavoz del gobierno británico descartó autorizar nuevas consultas populares y señaló que Burnham concentra su energía en «aliviar la presión sobre las finanzas familiares y proporcionar mayor seguridad económica».
El acuerdo rechaza el modelo económico británico y busca recuperar la membresía en la Unión Europea. En el plebiscito del Brexit, Escocia e Irlanda del Norte votaron mayoritariamente por permanecer en el bloque, pero el peso demográfico de Inglaterra las arrastró fuera.
La legislación británica establece que cualquier referéndum de independencia requiere autorización explícita del primer ministro desde Westminster. El Ejecutivo central se niega a otorgarla y sostiene que los territorios funcionan mejor agrupados en torno a valores compartidos.
Una eventual desintegración plantea interrogantes sobre el futuro de la monarquía y la Commonwealth. Mientras Escocia y Gales podrían tolerar la figura de un rey local, Sinn Féin rechazaría cualquier autoridad de la realeza británica sobre una Irlanda unificada.
