La empresa familiar Joaquín Cutchet e Hijos mantiene viva, desde 1899, la elaboración artesanal de su famoso cacao, un producto emblemático de la provincia que combina historia, innovación y calidad.
“Cierro los ojos y recuerdo a mi abuela preparándonos un Quillá –así le decimos acá– al volver del colegio. Hoy yo lo preparo para mis hijos”, cuenta María Martínez, una de las tantas santafesinas que mantiene viva esta tradición familiar. La empresa Joaquín Cutchet e Hijos, fundada el 20 de mayo de 1899, cumple 127 años de producción ininterrumpida de su cacao, un producto que se ha convertido en un orgullo local.
Ubicada en la esquina de Necochea y Rosalía de Castro, en la ciudad de Santa Fe, la casa madre de El Quillá abre sus puertas al público para mostrar su moderna planta productora y un museo que recorre su historia. La visita, guiada por Jackeline De Greef, incluye desde el primer molino creado por el fundador hasta la evolución de su packaging y la histórica “bici delivery”.
El origen del cacao, según estudios recientes publicados en Nature Ecology & Evolution, se remonta a la alta Amazonía, en territorios de Ecuador y Perú, hace unos 5.500 años. Esta bebida, venerada por culturas precolombinas, llegó a Europa en el siglo XVII tras un proceso de transformación que incluyó el tostado y molido de las semillas.
“Casi todos los cacaos comerciales de Argentina son alcalinizados, lo que les otorga mayor capacidad soluble. Al nuestro le cuesta deshacerse y deja algunos grumos, porque es puro”, explica De Greef, destacando la artesanalidad y calidad del producto que, año tras año, sigue endulzando las meriendas de generaciones de argentinos.
