lunes, 10 agosto, 2026

La realidad de los taxistas latinos en Nueva York: desafíos y cambios tras la pandemia

Conductores de taxi latinos en Nueva York relatan los riesgos laborales y la caída en la rentabilidad del oficio, marcando un cambio significativo en su día a día.

En la ciudad de Nueva York, la conducción de taxis es uno de los trabajos más aceptados por la comunidad latina. Aunque representa una fuente de ingresos sólida con pocos requisitos formales, en los últimos años esta ocupación se ha vuelto más peligrosa y exigente. Entre largas jornadas, un tráfico intenso y el comportamiento de algunos pasajeros, los conductores enfrentan riesgos constantes en su rutina diaria.

Manaury, un taxista con tres años de experiencia, describe la flexibilidad horaria como un aspecto positivo, pero destaca las múltiples complicaciones. Para él, trabajar en las calles de Nueva York implica peligros como robos, agresiones y accidentes que pueden cambiar la vida en segundos. «Hay muchos tipos de riesgos. Subes a una persona que no conoces y tienes que cuidarla, pero uno no sabe si ella te quiere cuidar, pueden hacerte daño», indicó.

Además de la inseguridad, los conductores deben lidiar con el tráfico caótico y conductores imprudentes. «Tienes que pensar en más de cinco cosas en un mismo instante. Cuidarte también de que los policías te pongan un ticket (multa), porque les gusta más ponérselos a los taxistas», sostuvo Manaury.

El taxista también detalló ciertos factores que lo ayudan a identificar pasajeros problemáticos, como cambios repentinos en la forma de hablar o insultos. Otro conflicto frecuente son los usuarios que se niegan a pagar la tarifa completa, abonando solo lo que consideran justo. Relató una experiencia reciente donde un cliente, tras aceptar inicialmente el precio, protestó al final del viaje y pagó 10 dólares menos.

Los menores de edad representan otro desafío, ya que suelen mostrar comportamientos rebeldes y, según el testimonio, se sienten excesivamente protegidos por la ley, lo que dificulta que el conductor pueda defenderse ante provocaciones.

La rentabilidad del oficio experimentó un cambio drástico tras la pandemia. Antes, un conductor podía obtener entre 300 y 400 dólares en tres o cuatro horas. Hoy, para alcanzar esa misma cantidad, es necesario trabajar jornadas extenuantes de casi 12 horas. «Antes todo el mundo tenía trabajo y ganaba dinero, pero después todo se limitó. Al estar restringido, la gente hace cosas que no debe hacer, desesperados», analizó Manaury.

El taxista remarcó que, si bien la profesión todavía «deja dinero», la rentabilidad ahora depende totalmente de las metas que se fije cada conductor.

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