Cada vez más personas reciben un diagnóstico de celiaquía en la adultez, sin antecedentes previos. Especialistas explican la relación entre la genética, los factores ambientales y el aumento de autodiagnósticos.
A los 47 años, Martín Wenselblat, un contador con dos hijos y sin antecedentes de problemas digestivos relevantes, empezó a notar algo raro. Primero fue una sensación de hinchazón persistente después de las comidas. Luego, cansancio. Más tarde, dolores difusos que no sabía bien cómo explicar. Probó dejar algunas comidas “pesadas”, y luego directamente eliminó el gluten. Sintió alivio. Pero la respuesta no llegó hasta meses después, cuando, tras una serie de estudios, recibió el diagnóstico: celiaquía. “Yo comí pan y pastas toda la vida. Nunca pensé que esto me podía pasar”, cuenta.
Historias como la de Martín se repiten cada vez más. Personas que durante años comieron sin restricciones, en algún momento de la vida empiezan a tener síntomas que terminan en un diagnóstico inesperado. La pregunta surge casi de manera automática: ¿la celiaquía es una enfermedad con la que se nace o puede aparecer con el tiempo?
Según especialistas consultados, la clave está en entender que no se trata de una dicotomía. Existe una predisposición genética desde el nacimiento, pero la enfermedad puede manifestarse en distintos momentos de la vida a partir de una combinación de factores. “La celiaquía es una enfermedad autoinmune en la que el organismo reacciona al gluten. Implica una predisposición genética con la que los individuos nacen. Puede manifestarse o activarse en cualquier momento de la vida”, explica Norma Guezikaraian, directora de la Licenciatura en Nutrición de Fundación Barceló.
Entre los posibles desencadenantes, menciona infecciones gastrointestinales, alteraciones en la microbiota intestinal, cambios en la dieta y el contexto en el que se consume gluten. Además, el inicio en adultos puede no mostrar los signos clásicos: un alto porcentaje debuta con síntomas extradigestivos, como fatiga crónica, anemia o molestias inespecíficas.
Sin embargo, no todo malestar vinculado al gluten es celiaquía. Para la nutricionista Mónica Katz, el fenómeno está atravesado por una tendencia creciente al autodiagnóstico. “La gente se hace falsos diagnósticos de celiaquía con la moda cero gluten”, afirma. “Hay gente que dice ‘como gluten y me siento mal’, pero ¿cómo sabemos que es el pan y no el resto de lo que comió?”, plantea.
Desde el punto de vista médico, la diferencia es fundamental. La celiaquía es una enfermedad inmunológica que daña las vellosidades intestinales, claves para la absorción de nutrientes. De no tratarse, con los años puede aumentar la prevalencia de cáncer de intestino, alertan los expertos.
