La medición de la pobreza en Argentina varía según el organismo que la realiza, debido a diferencias en metodologías, actualización de canastas y enfoques que van desde el ingreso hasta la privación de derechos.
La discusión sobre la pobreza en Argentina suele quedar atrapada en el dato final: sube, baja, mejora o empeora. Sin embargo, detrás del porcentaje que anuncia cada organismo existe una metodología que define qué se mira, qué se deja afuera y qué tipo de privación se considera suficiente para nombrar a una persona como pobre.
En ese mapa conviven distintos enfoques. El INDEC, responsable de la medición oficial, mide la pobreza principalmente por ingresos; la UCA, a través del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), combina la dimensión monetaria con una mirada multidimensional. ATE, por su parte, cuestiona los criterios de actualización de canastas e índices de precios. Y los estudios vinculados a organismos como la ONU o el PNUD incorporan una lectura más amplia sobre derechos, desigualdad, acceso a servicios y condiciones de vida.
El método oficial: ingresos contra canastas
La medición más difundida es la del INDEC, que publica semestralmente la incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). El método es monetario. Primero se calcula si los ingresos de un hogar alcanzan para cubrir una Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define la línea de indigencia. Luego se amplía esa referencia con otros gastos no alimentarios, como vivienda, salud, educación, transporte y servicios, para construir la Canasta Básica Total (CBT), que marca la línea de pobreza.
El propio INDEC informó que, en el segundo semestre de 2025, el 21,0% de los hogares y el 28,2% de las personas quedaron por debajo de la línea de pobreza. Dentro de ese conjunto, el 4,8% de los hogares y el 6,3% de las personas quedaron bajo la línea de indigencia.
Los cuestionamientos a la medición oficial
Uno de los principales cuestionamientos al método oficial apunta a que las canastas continúan construyéndose sobre patrones de consumo que surgen de las ENGHo 1996/97 y 2004/05, sin incorporar los resultados de la ENGHo 2017-2018. Especialistas sostienen que los hábitos actuales de los hogares cambiaron respecto de los utilizados como base metodológica, con un mayor peso de rubros como servicios, transporte y comunicaciones.
La UCA advirtió que la baja reciente de la pobreza oficial debe leerse con cuidado, porque la medición por ingresos puede sobrerrepresentar el alivio social cuando se combina una canasta desactualizada con cambios en la estructura de precios y una mejor captación de ingresos por parte de la EPH.
La mirada de la UCA
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) desarrolla distintos estudios sobre pobreza y condiciones de vida. Para estimar la pobreza por ingresos suele utilizar la metodología oficial del INDEC como referencia, aunque también elabora investigaciones específicas sobre privaciones sociales, condiciones habitacionales, empleo, educación y otras dimensiones del bienestar. Su enfoque permite observar situaciones que la medición clásica puede dejar en sombra, como hogares que superan la línea de pobreza pero viven endeudados, con empleos precarios o con privaciones habitacionales persistentes.
ATE criticó las mediciones
Desde ATE, la discusión se concentra en la confiabilidad y actualización de las herramientas estadísticas. El delegado Raúl Llaneza cuestionó que la actualización de las ponderaciones del Índice de Precios al Consumidor (IPC) pueda generar distorsiones si no se implementa con criterios transparentes y comparables. Llaneza sostuvo que la inflación se sigue midiendo con una estructura de consumo antigua y reclamó avanzar hacia canastas más ajustadas a la realidad actual y regional.
La ONU y la pobreza como privación de derechos
Los enfoques asociados a la ONU, el PNUD y estudios parten de una premisa distinta en la que la pobreza no es solo insuficiencia de ingresos, sino una restricción efectiva para ejercer derechos. Se consideran dimensiones como educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos, alimentación y cohesión social. Esta perspectiva permite medir privaciones estructurales que pueden sostenerse incluso cuando mejora el ingreso monetario.
En los últimos años, distintos análisis señalaron que muchas familias cubren gastos corrientes con crédito, billeteras virtuales, préstamos personales o financiamiento informal. Esa dinámica puede evitar una caída estadística bajo la línea de pobreza, pero al mismo tiempo deteriora la vida cotidiana y compromete ingresos futuros.
Qué muestra cada medición
El INDEC ofrece el dato oficial, comparable en el corto plazo y basado en ingresos. La UCA aporta una lectura más amplia del deterioro social, con foco en privaciones estructurales. ATE pone el énfasis en la calidad institucional de la estadística pública. La ONU y los enfoques multidimensionales permiten pensar la pobreza como falta de derechos efectivos. Cada indicador responde a una pregunta distinta, y discutir la pobreza en Argentina exige mirar más allá del porcentaje final.
