Ramiro Cristofaro, de 33 años y oriundo de Vicente López, visitó Kiribati en julio de 2025. El país fue reconocido como el menos visitado del planeta en 2026, con solo 9.500 turistas anuales.
Ramiro Cristofaro, de 33 años y oriundo de la localidad bonaerense de Vicente López, visitó en julio de 2025 la isla de Kiribati, en el océano Pacífico. El país fue reconocido por la Organización Mundial del Turismo como el menos visitado del planeta en 2026, con 9.500 turistas al año.
Según relató Cristofaro, al llegar a Kiribati fue el único turista que descendió del avión. “Fui el único turista que bajó del avión”, afirmó en declaraciones a Infobae.
Kiribati está compuesto por 32 atolones e islas coralinas. Su capital, Tarawa, se encuentra a unos 4.000 kilómetros al suroeste de Hawái. El acceso requiere escalas en Singapur, Los Ángeles, Fiyi o Hawái, con vuelos de más de 30 horas y tarifas de hasta 4.000 euros.
Cristofaro explicó que la logística fue uno de los mayores desafíos. “Los países ubicados en este continente dependen de aerolíneas extranjeras. No tienen una red propia desarrollada. Hay vuelos una o dos veces por semana y tenés que coordinar todo con muchísima precisión”, sostuvo.
El viajero llegó desde Fiyi. Relató que estuvo cerca de quedarse fuera del recorrido por la cancelación de un vuelo en otro país del Pacífico. “No había combustible y se suspendían vuelos. Eso me obligó a acortar mi estadía en Kiribati a apenas dos días”, contó. “Si perdía el vuelo, podía quedar varado una semana o muchísimo más tiempo”, dijo.
Según Cristofaro, la mayoría de las personas que viajaban con él no eran turistas. “Había muchos australianos que iban por trabajo y gente local. Pero turistas, turistas… cero”, aseguró.
Respecto a la infraestructura turística, afirmó: “No está preparado para el turismo. Ni un poco”. Detalló que contactó a un pequeño hospedaje para pedir permiso para instalar una carpa en el jardín porque no encontraba dónde dormir. “Hay muy poca oferta. A veces una conferencia o una reunión gubernamental ocupa los pocos hoteles que existen y no queda nada disponible”, afirmó.
Las excursiones organizadas no existen. “No hay guías turísticos, no hay agencias. Le pagué a un local para que me llevara con su auto a recorrer algunos lugares y armé el itinerario por mi cuenta con información que había encontrado en internet”, señaló.
Cristofaro permaneció en Tarawa, un atolón donde en algunos sectores la distancia entre una costa y otra es de apenas diez metros. “Hay lugares donde el ancho de la isla es de apenas diez metros. Es una locura”, describió.
El viajero observó contenedores abandonados en las calles. “Vas caminando por las calles y te encontrás con miles de ellos. Están por todos lados. Es impresionante”, recordó. La explicación, según indicó, es que Kiribati importa gran parte de lo que consume pero exporta poco, y los contenedores vacíos resultan costosos de retirar.
En las playas se encuentran restos de la Segunda Guerra Mundial, como tanques, búnkeres y estructuras militares. “La isla está llena de restos de guerra. Hay tanques, búnkeres, estructuras militares abandonadas. Podés caminar entre ellos y subirte a algunos”, contó.
Durante su estadía, percibió un ritmo de vida más lento. “Todo ocurre mucho más lento. La gente está sentada charlando, viviendo el día a día. No ves el ritmo frenético de las grandes ciudades”, describió. “Todo es muy rústico. Muy básico. Muy humilde”, resumió.
“La verdad es que no hay mucho para hacer”, se sinceró. “Recorrí los sitios históricos, vi los restos de la guerra y después es sentarte a mirar el agua y disfrutar del paisaje”, admitió.
