El pico migratorio en Ceuta responde a un fallo judicial, la coyuntura política española y la estrategia de Marruecos.
La reciente avalancha migratoria en las costas de Ceuta constituye uno de los episodios más críticos en la frontera sur de Europa. Este incremento inédito de llegadas por mar se produce por la confluencia de factores jurídicos, políticos y geopolíticos.
Fallo judicial
El 8 de julio, el Tribunal Supremo español dictó una sentencia que determinó que el procedimiento de «devolución en caliente» —expulsión inmediata sin expediente administrativo— no es aplicable a las entradas por vía marítima. El tribunal precisó que esta figura solo es legal cuando la persona rebasa los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas en el perímetro terrestre, pero no para quienes bordean los espigones nadando.
Según fuentes oficiales, las mafias dedicadas al tráfico de personas habrían realizado una «lectura interesada» de esa sentencia para promocionar la travesía a nado hacia Ceuta, difundiendo la falsa promesa de que llegar por mar garantiza la permanencia en suelo español.
Marruecos
El factor geopolítico se relaciona con la permisividad o el relajamiento de la custodia fronteriza por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes. Esta práctica se ha utilizado históricamente como herramienta de presión diplomática en momentos de tensión o negociación con Madrid.
Desde su independencia en 1956, Marruecos reclama la soberanía sobre Ceuta y Melilla, pretensión rechazada por España. El uso del flujo migratorio como palanca negociadora vuelve a estar en el centro del debate, evidenciando que el control de la frontera sur depende de la temperatura de las relaciones bilaterales.
Política migratoria
El tercer elemento se vincula con la política interior española. La reciente propuesta de regularización de migrantes anunciada por el Gobierno de Pedro Sánchez podría haber generado expectativas favorables, incentivando la llegada antes de que concluyan los trámites del plan.
