León Puccio, de 45 años, abandonó su empleo, su familia ensamblada y su rutina en Buenos Aires para mudarse a San Carlos de Bariloche. Su historia, contada en primera persona, detalla el proceso de transformación personal y laboral que siguió a la decisión.
León Puccio, de 45 años, residía en Buenos Aires, donde trabajaba en una empresa de seguridad electrónica, lideraba un equipo y mantenía una rutina estable. Tenía una familia ensamblada, dos hijos y amigos. Según relata, no atravesaba una crisis ni un momento dramático, pero comenzó a formularse una pregunta: “¿esto es todo?”.
Puccio explicó que la sensación de tener una buena vida sin sentir que era la propia lo llevó a reconsiderar sus prioridades. “Muchas veces podemos tener una buena vida y, aun así, sentir que no estamos viviendo la vida que realmente elegimos”, afirmó.
La Patagonia había despertado su interés durante la adolescencia, cuando la visitó por primera vez. Años después, decidió mudarse a San Carlos de Bariloche. Vendió parte de sus pertenencias, cargó su auto y se instaló en la ciudad. Su pareja acompañó la decisión desde el inicio, mientras que algunos amigos no la comprendieron y sus hijos la vivieron con tristeza, según declaró.
Al llegar, consiguió un alquiler temporario por dos semanas y al día siguiente halló un lugar para vivir durante un año. Continuó trabajando de manera remota en seguridad electrónica y, con el tiempo, se dedicó al turismo, a proyectos audiovisuales, a consultorías y a la distribución de productos. También emprendió un proyecto de formación en coaching, programación neurolingüística, neurociencia y desarrollo humano, que denominó Método Alba. Junto a otras cuatro personas, fundó Despierta Patagonia, un movimiento que organiza experiencias presenciales sobre desarrollo humano.
Puccio destacó que el cambio más significativo fue interno. “La Patagonia me enseñó a bajar el ritmo”, sostuvo. También mencionó que la calidad humana y la sensación de seguridad fueron aspectos que le llamaron la atención. Relató una ocasión en la que dejó sus pertenencias en una playa mientras dormía y, al despertar, no le habían sustraído nada.
Su reflexión final apunta a una pregunta: “¿la vida que estoy viviendo es realmente la vida que elijo… o simplemente la que aprendí a sostener?”. Puccio considera que no es necesario mudarse a la Patagonia para cambiar de vida, pero sí escuchar la “llama ardiente” interior.
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