El entrenador con 50 años de trayectoria sostiene que envejecer bien implica prepararse para cada etapa de la vida y no luchar contra la edad.
Después de 50 años como entrenador, el autor de esta nota afirma que el gran desafío de nuestro tiempo ya no es solamente vivir más, sino aprender a vivir mejor durante esos años que se han ganado.
Según su perspectiva, la longevidad cambió: los 60 de hoy no son los 60 de antes, y los 70 tampoco. Una persona que llega a esta etapa entrenando, alimentándose correctamente, descansando, cuidando su salud y manteniendo vínculos sanos puede vivir una realidad diferente a la de generaciones anteriores.
El autor sostiene que la nueva longevidad no es una cuestión de edad, sino de capacidad. A partir de los 60 aparecen cambios naturales: pérdida de masa muscular y fuerza, metabolismo más lento, recuperación más prolongada y mayor riesgo de enfermedades. También cambian las circunstancias personales: los hijos pueden independizarse, llega la jubilación, aparecen pérdidas y, muchas veces, surge la pregunta: ¿qué quiero hacer ahora con mi vida?
En ese contexto, el cuerpo necesita movimiento. Cuanto más avanzamos en edad, más importante se vuelve entrenar la fuerza, conservar la masa muscular, trabajar el equilibrio, la movilidad y la capacidad cardiovascular. No para parecer más jóvenes, sino para seguir siendo independientes: poder levantarse de una silla, subir una escalera, caminar, viajar, jugar con los nietos o vivir sin depender de otros.
El entrenamiento es solo una parte de la ecuación. La nueva longevidad exige una mirada integral que incluye: alimentación de calidad, sueño reparador, manejo del estrés, salud mental, vínculos afectivos, contacto con la naturaleza, aprendizaje permanente y propósito.
El autor concluye que envejecer bien no significa luchar contra la edad, sino prepararse para cada etapa. No podemos elegir cuántos años vamos a vivir, pero sí podemos trabajar para llegar a esos años con más salud, autonomía y dignidad. La nueva longevidad propone dejar de pensar en la vejez como un final y empezar a verla como una posibilidad. Los 60, los 70 y los 80 pueden ser años de nuevos proyectos, aprendizajes, viajes, vínculos y experiencias. No se trata de agregar años a la vida, sino de agregar vida a los años.
