En el corazón de San Nicolás, el Pasaje Rivarola emerge como una burbuja de tiempo y elegancia. Este cortado, flanqueado por edificios idénticos que crean un efecto de espejo único en la ciudad, está experimentando un renacimiento silencioso pero significativo. La restauración del reloj del antiguo taller Raab y la apertura del Café Rivarola fueron los primeros indicios de un cambio que hoy se consolida con un proyecto cultural de envergadura.
Un sueño que toma forma en la vereda
Inspirada por la recuperación de pequeños detalles del pasaje, la gestora cultural Mariela Ivanier decidió materializar un proyecto personal. Tras alquilar uno de los ocho locales comerciales de la planta baja, inauguró «Colección Rivarola. El local», una galería que rompe con los esquemas tradicionales. «Es un espacio concebido para albergar propuestas de artistas, escritores y creadores con los que disfruto colaborar», explica Ivanier, mientras recorre el local de techos altos y materiales nobles, típicos de la construcción de principios del siglo XX.
Un modelo colaborativo para el arte
La galería se presenta como una «galería de galerías», un concepto colaborativo que ofrece metros cuadrados a otros espacios artísticos para sus exhibiciones. Este modelo busca dinamizar el circuito y ofrecer una plataforma a proyectos que necesiten mayor visibilidad. El local elegido tiene además un vínculo con la ficción: allí funcionó el restaurante de «La China» en la serie Envidiosa, protagonizada por Griselda Siciliani.
La arquitectura que define su identidad
El Pasaje Rivarola, comprendido entre las calles Mitre, Perón, Talcahuano y Uruguay, es una obra de los ingenieros Petersen, Thiele y Cruz, construida entre 1924 y 1926 por encargo de la compañía de seguros La Rural. Su diseño responde a la normativa de la época, que priorizaba edificios para renta antes de la ley de Propiedad Horizontal. El estudio fue autor de otros íconos como la torre Pirelli en Retiro y los pabellones de Ciudad Universitaria.
La ejecución estuvo a cargo de la empresa Geopé, de capitales alemanes, responsable también de obras como el Obelisco y el Estadio de Boca Juniors. Los ocho edificios del pasaje exhiben un marcado estilo Beaux-Arts, con frentes libres de publicidad que permiten apreciar los detalles ornamentales, la herrería de los balcones y las pequeñas cúpulas con miradores en las esquinas.
Un futuro con nuevas perspectivas
La apertura de la galería es solo el primer paso en un proceso de transformación más amplio. En el horizonte se vislumbran proyectos para la conversión de algunos de estos edificios patrimoniales en hoteles boutique, una tendencia que gana fuerza en el área central de Buenos Aires. Esta combinación de cultura y hospedaje busca potenciar el atractivo del pasaje, manteniendo su carácter residencial y su atmósfera única.
Con sus 577 cortadas, Buenos Aires es una ciudad de pasajes secretos. El Rivarola, uno de los más emblemáticos, demuestra que estas burbujas urbanas pueden reinventarse sin perder su alma, conjugando historia, arquitectura y una nueva vitalidad cultural que mira al futuro.
