Un informe del Ministerio Público Fiscal muestra una reducción significativa de este delito en las últimas dos décadas, pasando de más de 1300 casos a comienzos de siglo a solo 14 en 2025. El perfil del delito también habría cambiado, asociándose más a ajustes de cuentas dentro del crimen organizado.
A comienzos del siglo XXI, el secuestro extorsivo generaba una fuerte alarma social en Argentina, con 1331 casos registrados entre los gobiernos de Fernando De la Rúa y los primeros años de Néstor Kirchner. En contraste, el año 2025 registró la cifra más baja desde el año 2000, con solo 14 casos, según datos de la Unidad Especializada en Criminalidad Organizada (Ufeco).
La tendencia descendente es sostenida. Mientras que entre 2020 y 2025 se denunciaron 167 hechos, a comienzos de siglo se habían contabilizado 1331 en un período similar. El informe oficial detalla la evolución: 294 casos en 2015, 227 en 2016, y una continua baja hasta los 14 del año pasado.
El análisis cualitativo también señala cambios. Según la Ufeco, actualmente los secuestros extorsivos «se vinculan estrechamente con otros delitos de la criminalidad organizada», utilizándose para «ajuste de cuentas, reclamar deudas de otras actividades ilícitas o disputar el control territorial». En 2025, el 50% de las víctimas fueron liberadas sin pago, un aumento respecto al 36% de 2024.
Los 14 casos de 2025 se distribuyeron en Buenos Aires (5), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (4), Córdoba (3), Salta (1) y Misiones (1). La mayoría se resolvieron en pocas horas, y solo tres superaron las 24 horas de duración.
El informe también menciona casos donde intervinieron miembros de fuerzas de seguridad. En uno, inspectores de la policía porteña secuestraron a un joven en el Bajo Flores exigiendo un rescate; en otro, personal de Prefectura estuvo involucrado en un rapto en Mar del Plata. Un caso complejo fue el secuestro de una pareja rusa por compatriotas, quienes huyeron a Emiratos Árabes Unidos tras recibir pagos digitales.
Expertos señalan que, mientras antes cualquier persona podía sentirse vulnerable, hoy las víctimas suelen tener algún vínculo con el mundo delictivo. Paralelamente, los delincuentes habrían migrado hacia modalidades como las estafas virtuales en la era de las billeteras digitales.
