El endurecimiento de las condiciones globales y las tensiones fiscales internas ponen a prueba la sostenibilidad del ajuste económico en Argentina, según un análisis del doctor en Ciencia Política Pablo Tigani.
El orden económico global asiste a un desacoplamiento asimétrico donde la resiliencia manufacturera colisiona con el shock energético. Esta dinámica ha constreñido el poder de compra de los hogares y ha forzado un sesgo restrictivo en las autoridades monetarias de los mercados emergentes y desarrollados.
En Argentina, la administración de Javier Milei ensaya un programa de estabilización que colisiona contra las precondiciones institucionales de la gobernabilidad democrática, según un análisis del doctor en Ciencia Política Pablo Tigani.
La desaceleración situaría al crecimiento global en su nivel más bajo desde el primer semestre de 2022. Los precios al consumidor global proyectan un incremento ponderado del 6% anualizado durante el trimestre corriente, lo que sustraerá más de un punto porcentual al poder de compra real de los hogares.
En China, la actividad industrial de abril evidenció caídas del 8% interanual en la inversión en activos fijos, arrastrada por desplomes en la manufactura tradicional (-4.3%), infraestructura (-4.5%) y una retracción del sector inmobiliario (-20.1%). En contraste, las economías exportadoras de tecnología en Asia exhiben un impulso; el momentum exportador de productos tecnológicos en Singapur superó el 200% anualizado el mes pasado.
Esta dualidad ha consolidado la persistencia de la inflación subyacente por tercer año consecutivo. Los bancos centrales adoptan un sesgo restrictivo. Se descuentan alzas de tasas por parte del Banco Central Europeo y del Banco de Japón para el próximo mes, mientras la Fed ha manifestado que su paciencia se agota frente a métricas inflacionarias que amenazan con sostenerse en el umbral del 3%.
En Argentina, la inflación de precios al consumidor al cierre de 2025 se ubica en un régimen del 31,8% anual. Para el segundo trimestre de 2026, bajo la presión del reajuste tarifario global y el desarme de subsidios energéticos, la inflación anualizada se ubicará en un pico estimado del 32,8%.
El gobierno central ha impulsado un proyecto legislativo orientado a revertir la ampliación del régimen de subsidios energéticos. Esta contracción del gasto público elimina el beneficio automático del 50% en las zonas frías ampliadas, restituyendo los subsidios exclusivamente a sus regiones originales. La quita del beneficio impacta sobre una masa crítica de 1,7 millones de personas en 15 provincias.
Este proceso de ajuste centralizado ha deteriorado los canales institucionales de enlace entre la Casa Rosada y los mandatarios provinciales. Los gobernadores exigen un esquema de relacionamiento basado en la negociación horizontal y la coparticipación de los flujos de recursos. Milei prioriza la postergación de estos consensos y la dilación de las transferencias no automáticas.
Ante el vacío discursivo de una oposición fragmentada, la Iglesia Católica ha ocupado el centro de la escena política nacional. El Episcopado argentino aprovechó las conmemoraciones de las fiestas patrias para reiterar una narrativa de contrapeso frente a los extremos del arco político.
El lenguaje político de Milei, caracterizado por la intransigencia y la confrontación con las expresiones opositoras, guarda simetría con la praxis de Donald Trump. El alineamiento geopolítico e ideológico con Washington constituye el eje de su estrategia, desestimando las advertencias del Papa León XIV.
Para los inversores internacionales, la experiencia argentina demuestra que los números de la consolidación fiscal y la desinflación no pueden analizarse de forma aislada de sus precondiciones sociopolíticas. El recorte presupuestario sobre 1,7 millones de ciudadanos en 15 provincias constituye un catalizador de inestabilidad que el Poder Ejecutivo no podrá soslayar indefinidamente.
