La actriz Verónica Llinás estrena la película “Canelones”, dirigida por Christian Basilis y Ana Laura Gussoni, y conversa sobre su proceso creativo, la venganza, el estado de la cultura y el temor en el ámbito artístico.
La actriz Verónica Llinás se encuentra actualmente en cartel con la película “Canelones”, dirigida por Christian Basilis y Ana Laura Gussoni, con guion de Basilis, Josefina Licitra y Hernán Casciari. El film, subtitulado “la venganza es un plato que se sirve frío”, está basado en una historia real y cuenta con las actuaciones de Darío Barassi, Agustín Aristarán y César Bordón. Además, Llinás continúa presentando la obra teatral “Una navidad de mierda” junto a Tomás Fonzi, Alejo Garcia Pintos y Anita Gutierrez, en el teatro Premier de jueves a domingo.
En la película, Llinás interpreta a Chichita, la madre de Hernán Casciari. Sobre su proceso de composición, la actriz afirmó: “Soy completamente irreverente. Quise conocer a Chichita, vi un poco de su personalidad, de lo que me contaron, de lo que charlamos y leí el guión, pero a la hora de componer no estoy pendiente si se parece, o no. En el momento que compongo me vuelvo soberana y digo: ‘No, yo no soy Chichita, Chichita es yo ahora’”. Agregó que no se sintió obligada a imitar a la persona real, ya que “su esencia ya está plasmada en el guión”.
Consultada sobre su papel anterior como la Gringa Casares en la serie “En el barro”, Llinás señaló que le divierte interpretar personajes completamente diferentes: “Siento que es como una especie de montaña rusa actoral”. En cuanto a los criterios para aceptar proyectos, mencionó que valora el desafío, la historia, la variedad y el equipo de trabajo.
Respecto a la venganza, tema central del film, la actriz declaró: “No soy vengativa. Soy una persona muy sensible, cuando me hacen algo me duele mucho, pero no tomo venganza porque siento que eso no es bueno. Creo en la justicia de la vida”.
Llinás también se refirió a su experiencia como guionista y directora. Escribió y codirigió “La mujer de los perros” con Laura Citarella, codirigió “Una navidad de mierda” con Peto Menahem, y adaptó “Antígona en el baño” con su autor Facundo Zilberberg, codirigida con Laura Paredes. Explicó que prefiere trabajar en colaboración: “No puedo con la soledad de un proyecto, me cuesta, porque soy insegura y necesito la compañía”.
Sobre la evolución cultural desde fines de los años ochenta, cuando integró “Las gambas al ajillo”, Llinás opinó: “Fueron tiempos irreproducibles porque veníamos de una dictadura, fue como nuestro destape español. Hubo un resurgir, un renacimiento y éste es otro momento. Sobre todo en nuestro país donde la cultura está siendo bastante atacada, desprestigiada como todas las artes y la educación también. Creo que eso va a generar una resistencia interesante, pero que en este momento es difícil verlo porque estamos en el medio del río”.
En relación a las declaraciones que realizó en una entrega de premios, donde mencionó que un conductor había mandado a su compañero Tomás Fonzi a manejar una aplicación, Llinás sostuvo: “Creo que ahora hay más miedo. Hay un ataque desde el gobierno, muy virulento, con una operación mediática importante”. Añadió que existe una “época de la famosa cancelación” y que “estamos como en un medioevo digital, donde a cualquiera lo pueden quemar, por cualquier cosa”. También mencionó que le han atribuido declaraciones falsas: “A mí me han inventado cosas que no dije y lo han publicado en medios masivos y nunca me han pedido disculpas”.
La actriz expresó que “es injusto que mucha gente diga: ‘¿qué tiene de malo manejar una aplicación?’” y señaló que “es una actividad totalmente respetable y válida”. Consideró que “estamos en un mundo de un nivel de idiotez que es realmente aterrador”. También sostuvo que los artistas son más precarios en cuanto al trabajo, ya que no cuentan con títulos habilitantes como otros profesionales.
Ante la pregunta sobre si fue acusada o agredida, Llinás respondió: “A mí me han llegado a decir: ‘dejá de vivir de la teta del Estado’”. Aclaró que trabaja desde hace veinte años de forma privada y que actuó una sola vez en un teatro oficial, en el San Martín, con “Trilogía de verano”. Añadió: “Ya tengo un caparazón bastante endurecido, pero lo que me parece aterrador es el nivel de manipulación, porque es contagioso”. Sobre la resistencia, afirmó: “La forma que tenemos de resistir es seguir haciendo cosas como se pueda y donde se pueda”. Finalmente, dijo que no se arrepiente de sus declaraciones: “No me arrepiento, porque además fui muy sucinta”.
