Un análisis de vasijas de alabastro descubiertas en 1922 en la tumba de Tutankamón confirmó que el contenido, identificado como miel, mantuvo condiciones de comestibilidad gracias a su baja humedad, acidez y presencia de peróxido de hidrógeno.
En 1922, el arqueólogo Howard Carter abrió la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, Egipto. Durante el inventario de los hallazgos, se registró la presencia de vasijas de alabastro que contenían un residuo espeso y de color ámbar. Análisis químicos posteriores identificaron ese residuo como miel.
Las vasijas fueron selladas alrededor del año 1323 a.C. Según los informes, el contenido conservó su estructura química original. La miel presentaba un bajo contenido de agua, aproximadamente un 17%, un pH de entre 3,2 y 4,5, y la presencia de peróxido de hidrógeno producido por la enzima glucosa oxidasa. Estas tres características crean un ambiente hostil para el crecimiento de bacterias y hongos.
El hallazgo fue documentado en el inventario de la tumba. No se dispone de registros oficiales que confirmen que los arqueólogos probaron la miel, aunque existe un relato no verificado que menciona que habría conservado su dulzura. La afirmación sobre la degustación es considerada parte del folclore asociado a la expedición.
En el Antiguo Egipto, la miel era utilizada como alimento para las élites, ofrenda funeraria, tratamiento para heridas y componente en rituales de embalsamamiento. Las vasijas de cerámica o alabastro eran recubiertas con cera de abeja o resina, selladas con arcilla y colocadas en cámaras funerarias excavadas en roca caliza. Estas condiciones de oscuridad, temperatura estable y aislamiento del aire exterior favorecieron la conservación del contenido.
Un estudio de 2024, resumido por News-Medical, indicó que la actividad antibacteriana de la miel disminuye con el tiempo debido a la degradación de la glucosa oxidasa. La miel más fresca mostró mayor actividad antimicrobiana que la miel más antigua. No obstante, la composición química de la miel hallada en la tumba de Tutankamón permaneció estable en sus componentes principales.
